Gloria Martín. Arte objeto arte.

gloria martin

Del barniz esteticista y los mecanismos descontextualizadores del museo y la sala de arte, del resultado distorsionador que ejercen sobre la obra, es algo de lo que ya se ha teorizado muchas veces. Desde las sospechas de Valery al radicalismo de Marinetti, desde la águilas de Broodthaers y el museo imaginario de André Malraux, al pabellón español de la bienal de Venecia 50 de Santiago Serra. El arte mismo, como vanguardia metareflexiva de toda teoría tiene la principalía de dar al pensamiento analítico un “más hondo”, una nueva apertura de contundencia reivindicativa.

En “el traslado de la imagen” Gloria Martín (Sevilla1980) reflexiona sobre el papel del objeto arte como material inmóvil, a la deriva en las manos y las fuerzas que las mueven dentro de una estructura que, en cierta manera, es ajena a todo aquello que no sea ella misma. Cuadros ordenados contra la pared en una muestra de acumulación, la escultura envuelta en su caja, ataúd de transporte y su ya típico marco sin cuadro. La iconografía que Gloria viene desarrollando nos impele a meditar sobre ese dato etimológico que tuviera en cuenta Adorno. La palabra museo porta connotaciones desagradables que hacen referencia a objetos que ya no tienen relaciones vitales con el observador. Y lo hace a través del concepto de desmontaje, pero más que como destrucción, como idea de tránsito, intento regenerativo de devolverle al arte, en su último escalón hacia su evanescencia como tal, la categoría de objeto autónomo, capaz de desarrollar su campo semántico incluso cuando no se muestra más que como objeto vacío de significaciones, como tela tensada, como trozo de piedra frágil envuelto en plástico y madera. Juega Gloria en un campo oculto tras la obra misma para empujarla hacia una conciliación de supervivencia de los caracteres que hacen que un objeto sea llamado arte.

Este objeto arte es reflexionado en esta muestra en su último estado entrópico. En su último nivel de catalogación, acumulación y exposición. Tratado como objeto de culto el objeto arte, neutralizado hasta sus últimas consecuencias, lo poco que tiene que decir perece oculto tras el peso del marco y la alcayata que lo sostiene. El parergon, ese adorno monstruoso y ajeno, se presenta como enlace con capacidades sacralizadoras más que como mero accesorio ornamental. Él sustituye la arquitectura contextualizadora, reducida en todo caso a un cubito blanco, prístino, sin oquedades ni ventanas que comuniquen con el mundo exterior, separado del mundo, neutralizado por su propia forma, neutralizador por su naturaleza.

La consagración del museo, ese proceso por el cuál la obra deviene objeto de culto, hace innecesaria la obra misma, la beatifica de tal forma, que su marco termina por asfixiarla, destronarla y transformarla en simple copia y fetiche pretencioso de lo que un día intentó ser. Su historia deviene anécdota, su concepto mensaje articulable a un catálogo de exposición, su fama y difusión a número de visitantes y presupuestos anuales. Esto es, marco sin obra.

Pero si el museo consagra, una parte vital de su estructura, la vitrina, sacraliza. Bajo sus cristales y protegidos por ellos el objeto-arte pasa a ser objeto sagrado poseedor de propiedades suprahumanas, de entroncada raíz divina digno de procesión y culto, de lectura reservada solo a los iniciados. La vitrina es ataúd, arca, celda de prisión, depósito. El Archí-archivo sometido a exhibición de pureza, no como las prostitutas-mercancía de Benjamin, ni los objetos seleccionados desde la indiferencia de Duchamp sino como objeto-Dios. La vitrina es la zona limitada donde desaparece la fractura entre el símbolo y la realidad.

La estructura de emplazamiento no es en sí nada técnico, lo técnico está en el varillaje, el esqueleto, en el montaje, o, más propiamente, la vuelta al montaje como Gloria pretende volver a entroncar con la obra antes de ser domesticada y expuesta como un animal en su jaula. Antes de ser desgajada de su naturaleza procesual, salvaje. Este esqueleto, deconstruido, desmontado, muestra en esencia, el último pequeño anclaje del arte con la realidad, con su función socializadora y de construcción de puentes sobre el abismo que muestra.

PEPEALVAREZ

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s