Perderse como principio.

vista de la exposición

Jorge Hernández. “Why into the wild?” Sala siglo xxi Museo de Huelva
Hasta el 4 de Enero 2015

¿Quién no se ha perdido alguna vez y ha sentido una punzada en el cráneo y un torrente gélido recorriendo el cuerpo, acolchando los sentidos, al no encontrar el camino, al no reconocer—ni reconocerse en—el lugar extraño? Perderse no sólo es no ver el camino, trae consigo más bien perderlo todo, aun cuando el perdido accidental piense en un rescate, durante ese tiempo, y no pensando especialmente en su muerte, su mente rompe con toda ligazón a su vida ordinaria. Una transformación forzada de ciudadano a humano neto.  Y este sentimiento de pérdida, más bien certeza, por poco que dure. ¿No tiene el carácter liberador que Dostoievski aplicara a perderlo todo en una partida de cartas? En todo caso está liberación sólo será buscada en la pérdida por los pertenecientes a una categoría selecta1 de seres humanos.

El proyecto que presenta Jorge Hernández en esta muestra se centra en el libro de Jon Krakauer “into the wild”—los perezosos ya contáis con película—, que relata, a modo de memoria de reportero, las investigaciones, entrevistas y encuentros con personas alrededor de la figura de Alex Supertramp2, un chico de clase media alta que, después de abandonar su coche y quemar su dinero, recorrió, de norte a sur y de sur a norte, la costa oeste de Estados Unidos, sobreviviendo de trabajos ocasionales, para terminar sus días muriendo de hambre3 en un autobús abandonado en Alaska. Los paralelismos biográficos con el autor que, en cierto momento transforma la narración en una especie de diario personal, tienen su reflejo en la intención autobiográfica de la que Jorge carga este proyecto.

Existe cierta dinámica de fuerzas en las posibilidades que el arte ofrece a la hora de enfrentarse a la realidad. Dominarla y presentarla al espectador como experiencia de vida transmisible es una habilidad de sobra conocida en la trayectoria de Jorge Hernández. La variación de órdenes o la transformación de sus elementos como juego que, a través de un proceso de anamorfosis carga a la realidad de cualidades metafóricas y simbólicas. La exposición del objeto real tal cual, es decir, sin sufrir cambio alguno pero en un “fuera de lugar” o “escenario otro”. Y, por último, la construcción de un lugar vacío cuyo hueco marca la ausencia de un objeto que fue y ya no es. Tres maneras de enfrentarse a la realidad, por transformación, por agregación y por negación equilibradas en la obra para mostrar ciertas conexiones entre Alex y el propio artista.

Sin embargo, el número de referencias directas a la historia de Alex es reducida al mínimo sin por ello dejar de mostrar que la gran cualidad de éste fue la de buscar la pérdida y encontrarla4. Jorge reconfigura el código convenciéndonos de que quizá debería tenerse como algo vital visitar un lugar desolado e inhóspito, y hacer lo posible para perderse en él como única vía para encontrarnos con nosotros mismos.  Tal conexión entre ambas personalidades, la de Alex y la de Jorge, no parece ilusoria aun cuando las fotografías de Jorge, bien vestido, con traje de abrigo de buena marca y en condiciones lúdicas y de ensoñación que seguramente Alex no se pudo permitir son, a primera vista, un obstáculo insalvable.

La pérdida buscada por Alex conlleva abrazar una actitud que dirige los pasos a un punto equidistante entre las dos muertes del eremita, la muerte como ser civilizado y la muerte al confuso “yo”. Abriendo el camino hacia la renovación interna de ese ojo ciego que, anulado por la ciencia moderna, oscurece y transforma en un “más allá” inescrutable todo aquello que escapa a la vista5, transformando la realidad en un campo abierto que huye de la claustrofóbica realidad encerrada en explicaciones científicas rara vez experimentables por el ser humano.

Alex, fue tomado por el ciudadano medio americano como un chiflado, un egoísta suicida que olvidó en un arranque idealista creado por sus lecturas de Thoureau, Tolstoi y Gogol sus deberes con la sociedad en busca de demostrar poder vivir en una medio natural que, en último término, acabó por devorarle. Es normal que ante actos de este tipo nos revolvamos en nuestros sillones estáticos pagados a plazos, no sabemos si por no comprenderlos del todo o al ser conscientes de la imposibilidad de mover nuestra voluntad a realizarlos.  El recorrido de la exposición es presidido desde el principio por el interrogante «por qué» símil de la exigencia de respuesta cívica. A este imperativo ontológico van respondiendo al espectador a lo largo del recorrido las obras sobre papel colgados como ropa mojada en un campamento base, que, como gritos atemporales unifican en un proceso de reinternación permanente gran parte de los acontecimientos de la vida de Alex. Para terminar de dar respuesta en un par de esquís pintados de blanco donde Jorge traza una frase que el mismo Alex escribió días antes de su muerte: “La felicidad sólo es real cuando es compartida”.

PEPEALVAREZ

1«Cierto es que algunos de mis conciudadanos pueden recordar, y me las han descrito, ciertas caminatas que dieron diez años atrás y en las que fueron bendecidos hasta el punto de perderse en los bosques durante media hora; pero sé muy bien que, por más pretensiones que alberguen de pertenecer a esta categoría selecta, desde entonces se han limitado a ir por carretera» Henry D. Thoreau, Caminar. Madrid, Ardora, 1998.
2.Mantengo el nombre que el propio Chris mcCandless eligió a la hora de cambiarse el impuesto, una consideración que el autor del libro no tuvo. Incluso Cervantes, que tantas faltas cometió para su Quijote, mantuvo este principio para su Alonso. Es de notar que Alex Supertramp firmó como Chris mcCandless en su última nota a las puertas de la muerte, como Alonso Quijano.
3.Según la investigación del autor del libro, es posible que la causa fuera más bien la intoxicación por ingestión de unas semillas cuya guía de campo y plantas silvestres que Alex usaba como vademécum no consideraba venenosa. Es irónico que este pequeño virus de civilización que Alex dejó participar en su gesta acabara con su vida.
4.Es preciso tener en cuenta que el autor del libro tiene como un error que Alex no se hubiese equipado con un mapa, con lo que hubiera tenido conocimiento de la cercanía de algunas cabañas en una dirección y un paso por tirolesa en la otra con la que poder cruzar el río cuyo cauce le dejó atrapado. Krakauer se olvida con este apunte que el caminante buscará perder el camino y que un mapa hubiera reducido la aventura espiritual de Alex a mera partida de caza.
5. Sería bueno recordar aquí que la aventura en Alaska de Alex se hizo a pocos kilómetros de una vía transitada por turistas.
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