la víscera terrosa

Introducid las manos en un pedazo de tierra, más adentro, más, más aún, más…, ejerciendo una presión que no cese ante piedra u obstáculo alguno. Sentid como la carne se abre y permite penetrar a la amalgama mineral dentro de los tejidos orgánicos de la mano. Esto hace, y de qué forma, Leticia Zamorano, pero con su organismo todo, para trasladarlo luego al lienzo. Un proceso de viscerización, en sus obras es difícil distinguir cuerpo orgánico de cuerpo mineral.  Ante las obras de esta artista uno tiene la sensación de ser engullido por una fuerza ajena a la vez que propia, una intensión que desmarca lo habitual y selecciona lo esencial. La obra de Leticia no es el lugar de operaciones libidinales que engendran polimorfias que teorizara Lyotard. Su obra es estratificación pausada en cuyas pequeñas fisuras la artista deja su huella orgánica. Es el trazo débil y contundente, un abrazo perpetuo entre naturaleza fosilizada y organismo de carne palpitante. En la dura tierra donde nació y trabaja, esquilmada por tantos años de extracción minera, con mil heridas de óxido, impúdicamente abierta en canal por la capacidad del ser humano de someter a la naturaleza a las necesidades propias, es donde Leticia introduce su cuerpo todo para reflejar en sus pinturas, que desafían de grado la convención bidimensional del género, que somos barro, no que venimos de…, ni vamos a…, sino que no dejamos de ser barro, extracto mineral, tierra. PEPE ALVAREZ

 

 

 

 

Introducid las manos en un pedazo de tierra, más adentro, más, más aún, más…, ejerciendo una presión que no cese ante piedra u obstáculo alguno. Sentid como la carne cede ante la amalgama mineral que se abre camino dentro de los tejidos orgánicos de la mano. Esto hace, y de qué forma, Leticia Zamorano, pero con su organismo todo, para trasladarlo luego al lienzo. Un proceso de viscerización que, una vez culminado hace difícil distinguir en su resultante cuerpo uno, el mineral de la víscera.

Ante las obras de esta artista uno tiene la sensación de ser engullido por una fuerza ajena a la vez que propia, una intensión que desmarca lo habitual y selecciona lo esencial. La obra de Leticia no es el lugar de operaciones libidinales que engendran polimorfias que teorizara Lyotard. Su obra es estratificación pausada en cuyas pequeñas fisuras la artista deja un resto orgánico. Es el trazo débil y contundente, un abrazo perpetuo entre naturaleza fosilizada y organismo de carne palpitante.

En la dura tierra donde nació y trabaja, esquilmada por tantos años de extracción minera, con mil heridas de óxido, impúdicamente abierta en canal por la propiedad del ser humano de someter a la naturaleza a sus necesidades, es donde Leticia introduce su cuerpo todo para marcar en sus pinturas, que desafían el convencionalismo bidimensional del género, un mensaje claro: que somos barro, no que venimos de…, ni vamos a…, sino que no dejamos de ser barro, extracto mineral, tierra.

PEPE ALVAREZ