mirar no basta

https://criticaenelmargen.wordpress.com/2015/02/01/mirar-no-basta/

En la prensa local se lee que una comunidad de vecinos, hartos de tantas pintadas, han contratado a Man-o-Matic, grafitero, para que pinte con sus sprays el busto de Vázquez López, político insigne del XIX en la ciudad de Huelva, en el portalón de su garaje comunitario. Con ello pretenden triunfar sobre el vandalismo, ay, el vandalismo que no es otra cosa que parte del diálogo que tiene la calle como medio. Medio incapaz de mediar, carácter comunicativo por excelencia. Pero sería ilusorio pensar que  vencer a la imagen gamberra, la firma “sucia”, el rastro indigno del nombre trazado en spray es un triunfo. Porque no puede llamarse triunfo en las artes a la derrota del proceso comunicativo de una obra. Si la figura se mantiene inalterada será más bien un monumento, a la que se le debe, como a la estatua de bronce, cierto respeto. Un monumento ciego, sordo y mudo ante la vida que bulle en la ciudad a la que siempre es ajena, artilugio muerto, cadáver depositario de un homenaje también muerto, como la pintura de museo o la palabra de diccionario.

No viene al caso definir una imagen pintada en la calle, ya sea en mobiliario urbano o en sus muros con denominaciones que marginen y enclaustren su cualidad individual, su patrón sensible. Si una pintura en el muro de una calle es grafiti o mural, no es algo que venga al caso. Es, en todo caso, una proposición enviada a todo estrato social que habite la calle. Pero una proposición modalmente afirmada en su carácter de huella, de paso, en las mismas circunstancias que el habitante de la calle deja la suya con el uso que le da.

Si bien, se puede definir un objeto, por ciertos aspectos que posea, como obra de arte, no exige esta definición una cualidad positiva en sí que vaya más allá de una esperanza a ser leída en distintas culturas y tiempos. Es decir, que teniendo como base cualitativa del arte su capacidad comunicativa, al otorgarle el valor de obradearte a un objeto, le ofrecemos la oportunidad de expandir su proposición a todo tiempo y época. Será por eso que, históricamente, ciertas técnicas más resistentes al paso de los años—óleos, bronces, mármoles—, han sido consideradas más fácilmente como obra de arte que otro tipo de obras cuya fragilidad o su aplicación a usos banales—dibujo sobre papel, bordados, etc…—se reduzca a un tiempo y una cultura específicas.

La pintura en la calle sustituye esta expansión por una intensión de índole paródica que infecta la imagen popular con un guiño que trastoca su significado inicial redireccionándolo y hasta invirtiéndolo. Y con ello se sacrifica de dos formas. La primera geográficamente, ya que este guiño paródico de la imagen popular precisa para que tenga efecto compartir una misma cultura con el espectador. Y dos: se sacrifica temporalmente al asociarse a una factura de fácil lectura, espectacular, buscando con el escorzo, el contraste saturado de colores, las curvas imposibles, captar la atención del caminante usuario de la ciudad ante una competencia feroz en un entorno de bulimia publicitaria.

Es vital para el artista urbano hacer fluir este diálogo creando más allá de una factura, un ambiente necesario en un escenario tan hostil. Buscando la construcción de una pasarela entre las múltiples fallas que se dejan ver en los flujos comunicativos de la ciudad. No son ajenos ciertos peligros que pueden llevar a la proposición a convertirse en el barniz oloroso de una manufactura magistral respetada, monumentalizada por el entorno. Este riesgo será superado si el diálogo se da, si el espectador, en este caso forzado a tropezarse con la imagen, dialoga con ella, es decir poluta la obra. Sólo si la ciudad, como elemento anónimo caracterizado por un movimiento comunicativo no reducible a esquemas preestablecidos, reduce la factura inicial del artista a una raíz rizomática donde distintos mensajes, también gráficos y textuales se entrecrucen, enturbien y hasta borren definitivamente la obra.

No sabemos que ocurrirá con el busto de Vázquez pintado por Man-o-Matic, si se establecerá este diálogo o no. La calidad de la factura del artista es, en este caso, indiferente, ya que los condicionantes implicados sobrepasan con mucho la relación artista-obra-espectador.

 

PEPE ÁLVAREZ.

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