Leticia Zamorano. La presencia del extraño interno.

Leticia Zamorano. Surcos. técnica mixta sobre lienzo. 60x90
Leticia Zamorano. Surcos. técnica mixta sobre lienzo. 60×90

A estas alturas ya nos debe quedar claro que tan importante es lo que se dice como el modo en que se dice. Y la cita, la continua cita, nos muestra de un modo rotundo que la historia siempre se repite pero en condiciones diferentes. La mañana de abril que Petrarca subió al monte Ventoux y proyectó la infinitud del espacio sobre sí mismo ha marcado un hito referencial en el humanismo, borrado Dios, expulsado y limitado a los cielos, el hombre ocupaba su lugar en el mundo y lo interpretaba en sí mismo.

Esta doble mirada—exterior-interior—que da lugar a la perspectiva central de la ventana abierta—Alberti—a la Naturaleza—Zola—fue tomada por los empiristas, cuyas teorías se reflejan en la pintura holandesa de paisajes, y que mantenían como principio que quien experimenta, fija la naturaleza, dando estabilidad a los hechos autónomos a través de una construcción inamovible. La dependencia a lo real era absoluta y la construcción de la naturaleza primaba sobre su interpretación, se excluían los procesos que transforman su apariencia “real”.

Pero como mantenía Da Vinci, «el pintor no reproduce sino que transforma la realidad». En su construcción la obra arrastra contenidos internos del artista que ejecuta la obra, por lo que el juego de desvelar significados no puede quedar reducido a descifrar la naturaleza copiada. Todo cobra forma a través del espíritu, sentenciaba Goethe, aquello que surge de las manos del artista a través de su visión del universo aunque no exista bien pudiera existir. Inspeccionando la génesis de toda forma de expresión accedemos a una creación de carácter infinito.

Lo que hace a un objeto ser considerado como arte está fuera de él. Aun así sigue siendo conveniente buscarlo en la superficie de la obra, no renunciar a ella ni dejarse llevar por especulaciones teóricas. La obra de Leticia Zamorano es un “estar en el mundo” que parte de dos consonantes a primera vista antagónicas: La de un universo interno, orgánico, presidido por fuerzas inaprensibles y por ello oscuras; y la referente al siempre extraño e incluso hostil universo exterior. Ante la obra de Leticia no sabemos si estamos ante una ilustración científica  propia de un tratado de anatomía o ante un paisaje cartográfico. Precisamente aquí radica el juego de tensiones de sus pinturas, su militancia, la carne portadora de presencias oscuras no controladas, siniestra, sombra orgánica en todo caso derramada—y enfrentada—contra la roca, el río, el monte, la tierra. La tensión de un caos primigenio aflora en varios puntos de presión que recaen en un espectador cuya conclusión primera será que los dos universos son uno solo.

La cualidad de proyectar un nodo virtual independiente propia de la pintura es extraordinariamente explotado en la obra de Leticia, el tiempo es sesgado por colapso quedando suspendido como en el momento que precede al juicio final.1 El juego espacial se multiplica y se permite percibir distintas distancias en la superficie plana del soporte. Es difícil adivinar si un centímetro de una de sus pinturas mantiene correspondencia directa con cien mil kilómetros de distancia real o con una micra de tejido orgánico. Sin embargo no es complicado percibir los dos conceptos espaciales a la vez proyectados hacia nuestro punto de observación.

En la obra de Leticia nos encontramos ante un núcleo, es verdad, y como todo núcleo es también encrucijada, una vía sin salida, que estalla ante presiones contrarias y cuya onda expansiva abre ventanas en el espesor del individuo.

PEPE ALVAREZ

 

                                                                               “Los estratos del tiempo”
Museo Vazquez Díaz.Nerva.
Hasta el 3 de Mayo

http://leticiazamorano.com/

1-Fulvio Salvatore dijo refiriéndose a las pinturas de Jack Goldstein y su asociación al cordero místico del Políptico de Gante de Van Eyck. «…a primera vista parecen dos cosas diferentes. El Cordero místico muestra el momento justo antes de la explosión del Apocalipsis, cuando el tiempo se detiene y la vida es un instante eterno»
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