Carmen Sigler. La igualdad como única idea de género.

carmen sigler mama fuenteEl acto de desvelar parte de un velamiento previo. Un juego de veladuras cuyas reglas han sido dispuestas a través de un discurso de jerarquías masculinas, donde el hombre es quien observa y habla mientras la mujer, como los niños, son reducidas al silencio y a objetos para ser observados. Discursos generalizadores, intolerantes por tanto con todo componente que sirva de excepción, han reducido a la mujer a portadora de una serie preestablecida de conductas aceptables y competencias limitadas. El carácter de género femenino es visto como elemento transparente que muestra una serie de condicionantes simbólicos adheridos, en contraste con el hombre cuyo género es invisible, término marcado que no condiciona.

Pero, y en el arte como proceso de desvelamiento? Una mujer que use su cuerpo como medio expresivo es considerada como una artista que trabaja la idea de género, que intenta corroer el sistema de alteridades de la sociedad patriarcal que habita. No en vano, es de la voluntad femenina y no de la masculina, como defendía J. Butler, desde donde surgen los discursos de negación del género como diferencia. Y, en todo caso, asumida esta diferencia, que no sea entendida como subordinación (Owens). Parece imposible, en todo caso, que una mujer artista que use su cuerpo encuentre la manera de distanciarse lo necesario para escapar de los predominantes códigos de representación de la mujer como objeto para ser contemplado. O de su intención de cuestionar la noción de feminidad como entidad preestablecida.1

A lo largo de su trayectoria artística Carmen Sigler ha venido desarrollando una fabulación poética en la que el cuerpo de la mujer es transformado en contexto sometido a resonancias, dirigido a avanzar en un camino de conocimiento ulterior. Cuerpos sometidos a las fuerzas de la naturaleza, habitantes que se muestran situados en un lugar intermedio entre lo simbólico, lo imaginario y lo real, este último donde la palabra no tiene lugar, el primer lugar velado. La obra de Sigler construye una escenografía del sacrificio partiendo de unos requisitos de visibilidad accesible. Como en su obra “mamá fuente”(2006) donde chorros de agua parecen emerger de su cuerpo mientras su voz pronuncia términos relacionados con el sacrificio exigido a la maternidad que, como en una lección para aprender de memoria, la voz de una niña-o niño-2 repite en una acentuación torpe cargada de inocencia. Rechaza radicalmente los corsés construidos por los canales de representación de formas de vida reducidas a medidas corporales. En su obra “desmedidas” (1998) un grupo de mujeres se mide el cuerpo enmarcadas por una regla donde los números de la perfección 90-60-90 asumen el papel de cifra sagrada, cama de Procrusto y las medidas reales son nombradas en voz alta ante la inquietante figura de la regla de medir mostrándose como herejías de imperfección. Todo ello cargado de una deliciosa naturalidad característica de los lenguajes usados por la artista.

La pretensión de radicalidad en la obra de Carmen es evidente. Eso sí, no ofrece la posibilidad clara a que está radicalidad esté dirigida a la cuestión de género en particular. Y menos aún en un marco como el que ofrece el pensamiento contemporáneo, donde el concepto de sujeto se encuentra en un punto tan cuestionable. La radical espiritualidad en la obra de Carmen Sigler parte de la idea de corporalidad, teniendo como fin liberar las presiones desencadenadas en los múltiples procesos de interconexión comunicativa entre seres humanos. Sus proposiciones parecen haber superado por sí mismas la problemática alteridad de géneros, y acceden a un plano donde todo ser humano puede verse interpelado.

PEPE ALVAREZ.

1.- «Cuando la imagen de la mujer es usada en una obra de arte, esto es, cuando su cuerpo o persona le es dado un significante, se vuelve extremadamente cuestionable. La mayoría de las mujeres artistas que se han presentado a sí mismas de alguna forma visible en su trabajo no les ha sido posible encontrar ningún tipo de mecanismo de distanciamiento que pudiera atravesar las representaciones predominantes de la mujer como objeto para ser mirado, o cuestionar la noción de feminidad como una entidad preestablecida» Mary Kelly, «No Essential Feminity. A Conversation between Mary Kelly and Paul Smith», Parachute, 37, 26, primavera 1982, p.32. Citado en “Arte último del siglo XX, del posminimalismo a lo multicultural” Ana María Guasch. Alianza editorial, Madrid, 2000.
2.-Porque en ningún momento como la infancia se muestra de forma más clara que la diferencia de géneros es creada en un rango de convención social, siendo inexistente la posibilidad de diferenciaciones partiendo de caracteres físicos o psíquicos naturales. Reducida éstas a la banalidad de los rasgos de comportamiento pretendidos por el encasillamiento de personalidades derivados de la fecha de nacimiento en los signos zodiacales. También las palabras repetidas pueden ser pronunciadas por un padre, o una esposa o esposo, o un hijo que cuida a sus ancianos padres, o unos abuelos que crían a sus nietos sin alterar su función.
 
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