SelfieL. Una exposición.

WP_20150416_003

La capacidad de otorgar el carácter necesario para sobrevivir en un medio tan hostil como es la calle a un mensaje gráfico ha quedado sumamente demostrada por Man o matic. Y es de alabar el esfuerzo que todo el equipo participante en la muestra SelfieL han mostrado a la hora intervenir una sala cerrada como es un museo con tamaños y lenguajes más bien concebidos para asaltar el espacio visual urbano. Pero este viaje de la calle al museo es más bien un viaje de vuelta.

En esta vuelta la obra ha sido hábilmente transformada para conciliarse con el espacio cerrado y justificarse como contenedor de significaciones de cierta naturaleza crítica. Tiene el concepto1: la aparición, explotación y manipulación de subjetividades en el escenario de los medios virtuales de comunicación contemporánea y las mutilaciones sufridas en el campo simbólico de las personalidades ficticias resultantes. La calidad técnica de Adrián, incuestionable, y un lenguaje apropiado para desarrollar una crítica directa y de fácil lectura.

«Tender la mano y confraternizar nuestro día a día con una explosión de colores y mensajes artísticos, animándonos a sentirnos como si paseáramos por las diferentes salas de un museo»2 fue la acertada frase que Rocío García Beas utilizó para definir la obra de Man-o-matic. Esta posición está en clara contradicción con la intención de presentar su obra como callejera y esto es lo que precisamente no han parado de vender en las sucesivas entrevistas dadas a los medios desde las plataformas que han promocionado la exposición.

Leyendo las declaraciones de su comisaria Bárbara Yáñez uno no puede por menos que caer en la cuenta que la obra de Man-o-matic estaba como hecha para ella. La búsqueda de «vibración» a través de «un lenguaje cercano y ameno»3, rompiendo con la falsa creación elitista de la pieza de arte y hacerla accesible a cualquiera define los criterios selectivos de Yáñez. Ya indiqué en cierta ocasión* los riesgos asumidos por un artista al utilizar este tipo de discursos “accesibles”, y esto hace precisamente más loable la supervivencia de la obra de este artista.

Pero sería recomendable el uso de una terminología, nunca del todo satisfactoria por la contemporaneidad de los elementos a los que quieren definir. Asumiendo los errores que puedan surgir de su uso podríamos decir que un grafiti es por intensión lo que se denomina con cierto aire antropológico un tag, es decir, el trazado sobre el mobiliario público o privado de la orbe de un nombre, más bien un pseudónimo, de un individuo que muestra por lo general una total indiferencia a las jerarquías establecidas en el medio urbano y a sus políticas de reinserción y exclusión, a sus límites y reglas. Aquellos que han cortado todos sus canales de comunicación dislocando el cartesiano “pienso luego existo” por un “Yo hablo, tú me escuchas callando, luego existimos”4 Una huella que delimita el último grado de expresión al que pueden acceder ciertos actores sociales.

En contraposición al grafiti  podríamos definir un mural como una pintura, cargada de contenido especulativo y realizada para verse en medios públicos donde se desarrollan las múltiples interacciones humanas5. La difusión de los murales a principios del siglo pasado en las grandes metrópolis como el mejor medio para expresar mensajes de alto contenido político y social invirtió de manera radical la relación que entre lenguaje e imagen imperaba en occidente desde la edad media. Y no lo hizo tanto en las formas como en sus fines. La necesidad de ilustrar a los iletrados analfabetos sobre asuntos de la fe en la edad media es directamente proporcional a la usada por Rivera en sus murales neoyorquinos del 36 a la hora de instruir a las masas. Sin embargo en el medievo era usado como mecanismo de control y mantenimiento de las jerarquías absolutistas y en el siglo XX como instrumento ilustrativo de insurrecciones y llamadas de libertad contra imperialismos y absolutismos.

Diferencias también en el acto que rodea la creación de la obra. Si bien un mural precisa, si no de un comitente, si al menos de una serie de concesiones, un grafiti parte de una marginalidad que lo tiñe de cierto grado de ilegalidad. Es por ello por lo que una firma en la pared se ejecuta con mucha más velocidad que un mural. Si bien es cierto que la reducción a fetiche mercantilizado de la firma urbana en la búsqueda de un grado de originalidad y pureza en la institución arte ha llevado a crear aberraciones como los muros “legales” para escritores, más acordes con las normativas estéticas de los ayuntamientos.

No distinguir o ni tan siquiera intentar partir de una diferenciación lo suficientemente clara por parte de la comisaria puede considerarse como un error bastante grave en un doble sentido. Si consideramos, como pretende Bárbara Yáñez, esta exposición como un traer de la calle una obra con el grado de ilegalidad, marginalidad y subversión propios del grafiti e introducirla por la puerta grande en el «museo más importante de la provincia», hubiera sido más acorde con la naturaleza de la obra una muestra que cargara sus energías expositivas en el carácter procesual, de gesto, acción y ejecución de las distintas piezas que la forman6 .Error también a la hora de llamar a un público de alguna forma especializado en arte callejero para encontrarse con una obra a la que serán reacios a llamar grafiti en tanto y cuanto no se manifiesta ningún tipo de elemento propio de la completa subcultura asociada a los escritores de la calle. Se debería haber dejado claro desde un principio que el marco de acción de Man-o-Matic es el mural y no el grafiti. Porque un mural es una representación pictórica que accede, facilitando ciertas características de legibilidad y esteticismo, a un espacio público, interviniéndolo, decorándolo y proyectando un mensaje en código abierto. Algo que este artista hace como nadie.

Las publicaciones y reseñas a la expo se pueden resumir en que ha sido un éxito de público… o mejor, lo paradójico que resulta que una obra de la calle haya hecho que el museo tenga el número de visitantes más elevado de su historia.  De hecho la trasgresión es reducida a la numerología propia de un museólogo, dejando de lado la calidad representacional de la obra. Otro factor importante en las reseñas de los medios ha consistido en dejar claro lo poco rentable que ésta y otras propuestas—como las magníficas creaciones en los aledaños del antiguo Mercado de Abastos—han sido. Mucho trabajo y poco dinero.7   También a la condición anónima del artista, injusticia que esta exposición viene a solventar. En este sentido la comisaria, en una entrevista marcada por la idea de éxito sin precedentes, terminó con un «dado que la cultura no deja demasiado dinero, ahora creo que pasaré un tiempo retirada del mundo del arte, en otros menesteres como la enseñanza». Este tipo de frases pueden hacer caer las esperanzas del más pintado, si ella después de este éxito museológico tiene que retirarse ¿qué tendrán que hacer otros? Hubiéramos preferido un “el potencial creativo en Huelva es tan grande como desconocido y, por ello, poco rentable. Es preciso movilizarnos y coordinarnos con la suficiente contundencia para hacer que el arte sea sostenible a nivel económico”.

La exposición se recoge, y tenemos la suerte de seguir viendo trabajar a Man o Matic en las calles de Huelva y la esperanza de poder poner algún día esta muestra en el lugar que su calidad merece, cuando las panderetas y chillonas gaitas de la actualidad queden ensordecidas por el tiempo. Porque lo único claro de todo esto es que no existe una plataforma crítica creíble en Huelva que a través de una literatura especializada indague realmente en la obra, en su contenido y su ejecución. En lugar de ello nos encontramos con textos que rascan en los detalles más superficiales, por no decir ajenos a la obra cuya intención busca la conversión en fetiche mercantil antes incluso de su inauguración.

*.-«La pintura en la calle sustituye esta expansión por una intensión de índole paródica que infecta la imagen popular con un guiño que trastoca su significado inicial redireccionándolo y hasta invirtiéndolo. Y con ello se sacrifica de dos formas. La primera geográficamente, ya que este guiño paródico de la imagen popular precisa para que tenga efecto compartir una misma cultura con el espectador. Y dos: se sacrifica temporalmente al asociarse a una factura de fácil lectura, espectacular, buscando con el escorzo, el contraste saturado de colores, las curvas imposibles, captar la atención del caminante usuario de la ciudad ante una competencia feroz en un entorno de bulimia publicitaria.» en https://criticaenelmargen.wordpress.com/2015/02/02/mirar-no-basta-2/

1-Este concepto hubiera sido más fácil de explotar con una obra conceptual y no con una expo donde la fisicidad del contenido fuera tan impresionante, es por eso por lo que se explica la video instalación montada en una de las salas inferiores del museo, un intento de marcar una intencionalidad conceptual?. No lo creo necesario, las pinturas expuestas en la sala del piso superior reflejaron claramente los significados que contenían.
2-Aquí el texto íntegro: http://highstarmadrid.com/man-o-matic-un-museo-en-las-calles-las-calles-en-el-museo/
3-Aquí la entrevista completa: http://www.andaluciademuseos.es/news/1450/398/Entrevista-Barbara-Yanez.html
4- La frase es del poeta Francis Ponge: «Yo hablo y tú me escuchas, luego somos»
5- Y no digo sobre muro para evitar la perogrullada, sino porque me parece que la acepción que se le puede dar al término “mural”  desde el siglo XX supera con creces la disposición de la pared como soporte.
6-Una expo paradigmática en este sentido es la que se ofrece sobre la obra de Suso33 en en el CEART de Fuenlabrada, Madrid. https://www.youtube.com/watch?v=MsD6UgeVU2I&feature=youtu.be&a
7-. Sin embargo se podría entender la obra creativa no remunerada de Man o Matic por la ciudad como una inversión en  publicidad de cara a sus trabajos en negocios e instituciones de la zona que le contratan—y esperemos que sigan contratándole—para que intervenga sus fachadas. Pasear por Huelva es ahora más entretenido buscando, a la hora de los negocios cerrados, con sus persianas de seguridad bajadas, pudiendo distinguir su obra por doquier. No es preciso buscar su firma a pie de obra porque va impresa en la calidad de la ejecución. Entre todas ellas en una carnicería de la calle Alosno pintó el busto de una gallina mirando en posición de defensa. Es difícil olvidar los cadáveres de pollo que se hacinan fríos y sin cabeza dentro del establecimiento y lo irónico que resulta la sonrisa provocada por el estúpido gesto del ave.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s