Manuel Antonio Domínguez. MAD. El Hombre Sin Cabeza.

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La ironía es el principio del pecado y en Dios, el Gran Otro, está su origen. Cuando preguntó a Caín dónde estaba su hermano después que éste le matara, formulaba una pregunta cuya respuesta conocía de sobra, esto es ironía, y con esta pregunta forzó a Caín a mentir sobre el paradero de su hermano, esta mentira fue el verdadero pecado, por encima del asesinato.

Manuel Antonio Domínguez, el Hombre sin Cabeza, como Caín expulsado de la vista de Dios por haberle mentido, vaga por la tierra rechazando el apéndice que formula preguntas solo cuando tienen respuesta. Porque a Dios, como a Wittgenstein, le gustan las preguntas cuando tiene y sabe las respuestas. Preguntarle a Caín dónde estaba su hermano, era tan irónico como preguntarle a Adán ¿No habrás comido del árbol?

Sin cabeza las preguntas generadas, al contrario de las del Gran Otro, no tienen respuesta. Caín decía no poder vagar por la tierra donde cualquiera podría matarle y Dios le impuso una marca para que nadie lo atacase. Otra ironía. Es este vagar sin directrices lo que nos hace pecadores. Esto implica una caída que nunca toca suelo. Con la marca que impedía que nadie le matara la caída no tendría fin. Así definía Simone Weil a la tortura, una caída sin final. No en vano Lacan mantenía que sólo la idea de nuestra propia muerte nos mantiene cuerdos.

Así pues Caín sin cabeza, el apéndice respondón, marcha por la tierra torturado por un cuerpo preguntón que le hace andar sin plantear más que acertijos irresolubles. Tiene hijos y funda una ciudad. Con ello el Caín rechazado del Dios irónico y lejos de poder soportar la carga de la constante pregunta sin respuesta, intenta suplir su cabeza original por una prostética. Con ello nace la ciencia, la tecnología, el orden simbólico y el dogma normativo. De esta manera suple la falta de respuestas, la ciencia nunca formula preguntas sin ellas, en algún momento siempre son resueltas. La técnica neutraliza todo afán de inmortalidad, libera de su consecuente tortura al hombre a través de preguntas que muestran su condición mortal en sus soluciones, acertadas o no.

Manuel Antonio Domínguez trabaja la ironía en sus collages y acuarelas, con y en recortes de prensa, libros, revistas, notas manuscritas, correspondencia, mapas y postales desde donde recoge un imaginario y lo rescata del medio homogéneo en el que la técnica comunicativa anexa a tendencias de moda y patrones de estilo lo tenían preso. Reflexiona sobre la liberación de la colectividad humana respecto a la Naturaleza y de cómo esta colectividad ejerce sobre el individuo la misma función opresiva que antes ejercitaba la Naturaleza de la que se liberaron. Carga las imágenes con una significación que problematiza la cadena indistinta de signos formulada desde la estética ambiental de la sociedad de masas. Rompe y diferencia sus elementos, los aísla y corta, los acelera y ralentiza, invierte y subvierte sus términos para generar la pregunta. Una pregunta  que por supuesto carece de respuesta, y que devuelve al Gran Otro con su misma carga irónica para demostrar que su proyección de certeza ya no es válida. Que sus órdenes construidos son defectuosos y su autoridad un fraude.

PEPE ÁLVAREZ

Manuel Antonio Domínguez Expone en la Sala Siglo 21 del Museo de Huelva hasta el 5 de Julio.
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