Eveline Rodríguez. La pintura es sueño y los sueños…

eveline

“Off the wall”
Escuela de Artes y Oficios
Catedral 4, Guadix
Hasta el 8 de Abril

La emblemática escuela de Artes y Oficios de Guadix acoge parte de la producción artística de Eveline Rodríguez Cuesta.

En su itinerante recorrido, “off the wall”, Eveline refleja la intención objetiva de aceptar nuestras limitaciones como características propias que nos definen, en lugar de combatirlas como elementos ajenos que desequilibran y desestructuran el funcionamiento, mecánicamente correcto, de nuestro organismo. Un tributo al vivir con el síntoma como generador de respuestas que dota a su obra de una sinceridad y elocuencia formidables.

Pequeñas composiciones cargadas de antropomorfos animales, o más bien de humanos animalizados, sintetizan de un golpe visual pequeñas fábulas, donde las luces y sombras propias del ser humano son expresadas  entre rasgos angelicales, sublimes, distantes a partir de la introducción de rasgos de alienación, de diferencia, de lejanía, de terror. Algo de sueño perturbador pulula por la obra de Eveline, una píldora de placer estético donde la bestia habita y cualquier sombra de inocencia se dispersa. Su obra es fruto de un ojo hambriento, curioso y extremadamente sensible. Instrumento ágil para canalizar el rico mundo interior fruto de la conciliación con un síntoma que ya no es tratado como trastorno somático. Sin cosificar el mensaje demuestra entender que una creación artística gana como manifestación de un anhelo más que como mera narración de hechos.

La escala íntima, la fragilidad de sus soportes, sus colores aniñados ataviados con una atractiva inmediatez, la composición cargada de una naturalidad vaporosa y su apariencia decorativa pueden llegar a suscitar críticas de aquellos que aún duermen en la creencia de La Gran Pintura mayusculizada. Heredera de la Alta Cultura que descansa sus portentos a un pasito de las Uñas de los Pies de Dios. Demasiadas mayúsculas afean las proposiciones, todo el mundo lo sabe, y el “noli me tangere” de la Gran Pintura tiende a sucumbir ahogada por el peso de su propia sombra y la arterioesclerosis provocada por una sangre tan espesa como un baño de arcilla.

La obra de Eveline huye de esto, del gran formato, del material inalterable al tiempo, sabe que algo dicho en voz alta y con solemnidad puede echar a perder el mensaje y que un susurro es más útil para comunicarse en un escenario de empacho visual y saturación informativa. Y precisamente de  susurros como pequeñas palabras masticadas a media voz son de los que se sirve Eveline en sus pequeñas acuarelas como vehículos a un tipo de argumentación que, lejos de la inocencia que la suavidad de sus trazos y lo aterciopelado de su cromatismo parecen señalar, resulta ácida, crítica y contestataria.

Un enfoque por el cual la obra de Eveline no debe ser subestimada en tanto contribuye a democratizar el arte contemporáneo derribando las barreras ficticias entre alta y baja cultura. Entendiendo, con Wilde, que si bien el arte no puede pretender ser popular sino que es el público quien debe esforzarse en ser artístico, el trabajo del artista recae en facilitar este esfuerzo con una estrategia mucho más efectiva que la de los que no logran asimilar aquello de Max Jacob: que el arte es una gran mentira, pero el buen artista nunca es un mentiroso.

PEPE ÁLVAREZ.

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