Garrido Barroso. El diálogo en suspensión.

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Francisco Garrido Barroso. Anatomías(2015). Impresión digital sobre papel traspasada a muro. Medidas variables. Foto: Luis Martínez Conde.

A primera vista el hecho de intervenir una ciudad con propuestas que priman un registro bidimensional no parece algo original en un escenario donde el arte urbano y el grafiti han traspasado todas las barreras propias del arte clásico tradicional, desde su introducción en el statu quo del mercado del arte hasta su museificación como último paso de un proceso de catalogación y neutralización. Sin embargo reducir la relación con una obra, sea del tipo que sea, a un primer contacto lleno de prejuicios es una visión propia de las modas, los ismos fulgurantes que devienen fácilmente en acontecimientos vacíos de contenido, cuya capacidad de significación termina anclada a la emergencia perceptiva que la actualidad del titular escupe sobre un espectador adormilado y olvidadizo incapaz de asimilar ni tan siquiera una parte del bombardeo informativo del que diariamente es víctima. Por ello es necesario, ahora más que nunca, armarse de un ojo atento para distinguir aquello que es arrastrado por la corriente, pastiche de arte que no es sino tendencia, de la producción que nace con la clara propiedad de quedarse para no irse nunca y cuyo fin es la transformación profunda de todo lo que toca.

Garrido Barroso pega sus ilustraciones impresas por un procedimiento similar al de la cartelería comercial, sus figuras son dispuestas estratégicamente para interactuar con lo corpóreo de la masa edificada, la fachada,  arquitrabes, vanos, zócalos y poyetes de puertas y ventanas de edificios deshabitados que como residuos urbanísticos, olvidados y apartados, duermen en el recuerdo de una ciudad en continua transformación. Fantasmas de otro tiempo ignorados por la atención siempre perdida del caminante urbano. Productos anónimos ajenos a toda función, en sus fachadas la naturaleza retorna como catástrofe.

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Francisco Garrido Barroso. Semillas (2015). Impresión digital sobre papel traspasada a muro, alambre, terciopelo rojo. Medidas variables. Foto: Luis Martinez Conde.

Proveniente del aéreo mundo del cómic y la ilustración la obra de Garrido Barroso rezuma un lirismo de corte íntimo, cargado de una intensidad de lenta combustión, portadora de una metáfora inteligente, llena de sutilezas que impone el sello maduro de un estilo lentamente desarrollado. La intervención con sus dibujos de edificios arrinconados que asumen la condición de víctimas en un ámbito tan agresivo como el que ofrece la ciudad contemporánea, permite la disolución de estas construcciones como fósiles para hacerlos avanzar hacia una dimensión de significados que tensan arcaísmo y modernidad.

En un proceso que concentra dibujo, edición digital, impresión y pegado desde un principio dirigido a potenciar un espacio determinado, transforma estos edificios abandonados a la vista del transeúnte en laboratorios de lo posible, generando un diálogo con este que va más allá de obligarle a girar la cabeza. Una fragmentación que resulta en una construcción sintética planteando interrogaciones sobre el espacio y la habitabilidad del medio urbano. Añadiendo un componente de otredad a unos edificios que se muestran ahora cargados de un simbolismo capaz de saturar la ciudad en un planteamiento de protesta silenciosa cuya solidez se apoya en la propia fisicidad de las construcciones intervenidas.

Lo más interesante y original de la obra de Garrido Barroso radica en su capacidad de no limitar la composición a la bidimensionalidad de sus dibujos sino establecer un juego interactivo entre los soportes espaciales. Consigue con ello reprogramar una construcción arquitectónica y urbanística como elemento constitutivo de sentido. A través del uso de la cita se accede a un lenguaje de extrañezas, manifestantes de un mensaje que se desborda en sí mismo, cuyas aristas significativas crecen en una progresión directamente proporcional a la intención desveladora de una audiencia activa. Una audiencia que por un momento, y sin pedirlo, ve cómo sus códigos son suspendidos ante la invocación de significaciones ocultas pero a la vez familiares, que siempre estuvieron allí, ocultas, dormidas, olvidadas pero latentes.

PEPE ÁLVAREZ.

 

 

 

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