Ángel Marcos: El fragmento siempre ajeno.

china 31 x
Ángel Marcos.”China 31″.Laserchrome sobre papel, montada en Plexiglass. 235 x 180 cm. 2007.

“Alrededor del sueño”
Sala Fundación Caja Rural del Sur
Mora Claros. Huelva.
Hasta el 9 de Abril.

Existe un sentimiento que une lo grave y constante del sufrimiento humano al ser paciente. Y existe otro sentimiento que une la gravedad y la constancia del sufrimiento humano con una causa secreta. La emoción estética es por naturaleza estática. No mueve a la repulsa o al deseo de posesión. El fin de toda expresión artística recae en adaptar la materia sensible al momento donde se da este tipo de excitación estática a través de la relación entre partes de un conjunto.

Las imágenes son presentadas en la obra de Ángel Marcos en relación inmediata con los demás. Extraídas de la grosera realidad, en ellas lucen centellas de humanidad. Respuesta a un estímulo de carne, trazan conexiones invisibles de distinta naturaleza entre los espectadores. Su obra se nos presenta como un todo delimitado en sí, donde subyace la esencia del ser, suprema cualidad sentida por el artista en su mente suspensa ante lo íntegro de su fuente espiritual, sumida en la fascinación de las armonías de lo visible.

El dispositivo escénico se ofrece en su nivel de actuación, en la relación con los actores y su material físico y abstracto. Los escenarios presentados sugieren la transformación de objetos en ideas, espacios formales; o de ideas en objetos, espacios de codificación. En relación a unas reglas del juego establecidas en convención, la estructura social es metaforizada en el establecimiento de una composición donde la mirada es prioritaria y todo signo escénico se hace imprescindible. Se concentra en su obra la fisicidad de una idea adaptable a una infinidad de contextos, alcanzando una variedad de movimientos en conceptos cargados de una potencia significativa incuestionable.

En las hendijas de la realidad se cuela el sueño. El carácter onírico de lo real se manifiesta en una línea oblicua. Entre lo conocido y lo imaginado, la imagen oscila entre el terror y el deseo, en la afirmación de algo, de un tiempo suspendido, un elemento humano que permanece velado y un procedimiento enunciativo que emerge como la cualidad de hacer que algo quede siempre insuficientemente dicho.

 

PEPE ALVAREZ.

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