Plástico Cruel. El cuerpo como factor discrepante.

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¿Qué tiene que decir el cuerpo en una sociedad que, a pesar de las inversiones en educación, la complejidad del argumento religioso y la evolución del discurso político y social, es más inculta, más cínica y más incivilizada que nunca? ¿Cuál puede ser su función en un tejido saturado de información donde la técnica ha desvirtuado la manera misma del ser humano de relacionarse consigo mismo, con su fisicidad? En lo referente a la relación con nuestro cuerpo se manifiestan aún tenaces prejuicios que dan como resultado un recelo hacia el desnudo. En la época de la comunicación sin fronteras y la información sin límites, el cuerpo desnudo, la expresión corporal, solo parece tolerable si se mantiene encajado en el ámbito de lo artístico.

En su proyecto “Plástico Cruel” la artista Pilar Lozano representa su propio cuerpo como trazo ritual que inicia un diálogo interno con el medio. Un monólogo introspectivo que usa como canal de transmisión el mismo escenario en el que ha sido arrojado. Una comunicación física que usa del desnudo como cuerpo de resistencia, carente de código, que culmina en un enfrentamiento con los lenguajes razonados y sobretodo, un enfrentamiento del cuerpo con lo que el cuerpo no es.

Cuerpos que surgen como fruto de una ruptura, de una intromisión en su integridad. Plagados en su superficie de puntos desde cuya sutura se escapa un drama.  La masa conforma, en último término, la construcción de interiores opresivos de caracteres atormentados que exceden su propia identidad. Por esto mismo no sería del todo justo hablar de autorretratos. Debido a que la valencia de la significación de sus trabajos no queda confiscada ni recluida en la artista, ya que el reconocimiento de sí a través del cuerpo es extensible a cualquier ser vivo.

La rigidez del traje impone la obediencia.

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Un artista no se avergüenza de su cuerpo, el amor y el respeto que le profesa le permiten realizar un arte viviente inscrito en un sentimiento colectivo. El artista viviente ve en todos los cuerpos el suyo, en sus movimientos, los suyos, en sus desgarros, los propios. Vive su cuerpo en humanidad. Su cuerpo es su expresión, símbolo vivo. Todo accesorio le sobra y es expulsado como innecesario.

Lo que mide el traje, el estilo, la combinatoria textil es el nivel de autoridad aceptado por el que lo viste. El grado de ruptura de ciertos factores estilísticos es directamente proporcional al grado de satisfacción con el medio del que goza el sujeto. Una toma de posición frente al código que es un código en sí mismo. La institución marca la pauta. Objetualiza el margen reflexivo de pensamiento objetivo entre un estímulo y su respuesta. Así una respuesta cultural es asumida como natural y evita sentir el mundo como si fuera experimentado por primera vez.

Desposeído de cualquiera de estos códigos o contracódigos el cuerpo desnudo administra todo el flujo de significaciones que se establecen entre él y un escenario. Y precisamente a través del escenario Pilar Lozano introduce el cuerpo en distintas codificaciones clásicas de la historia del arte. El cuerpo en el paisaje, el cuerpo como parte de una naturaleza muerta, de una vanitas, el cuerpo como retrato. En todos ellos suspendido en una acción, en medio de un acontecimiento interrumpido, en la síntesis de un vuelo pausado. Sus composiciones buscan representar el auténtico drama, aquel para el que Artaud buscaba el medio más adecuado de expresión: el cuerpo en lucha por desnudarse del alma.

 

Espejo, cuerpo múltiple.

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El espejo proporciona el cuadro metafórico usado como campo de reflexión por Pilar Lozano. Dispositivo que ofrece la posibilidad de  fragmentar y desvirtuar espacios. El espejo permite la creación y la alteración de escenarios sugiriendo realidades alternativas a través de sus reflejos. Ver lo propio como lo extraño, el propio cuerpo como visión proyectiva. Interactuar con sus reflejos es abrir un campo de significaciones que en sus continuos aleteos permite bucear y rastrear en los fondos abisales de la conciencia humana.

En línea con esto su utilización de imágenes enmarcadas dentro de algunas de sus escenografías soportan, como intersecciones, los cruces de tiempos, el pasado de una imagen ya procesada y el presente—que ya es pasado—propio del disparo fotográfico. Superponiéndose unos a otros, todos los tiempos en su obra pasan a ser imperfectos.  El impasse, la fractura, la quiebra sistemática de toda noción que permita visualizar un único punto de fuga como el privilegiado. La obra de Pilar Lozano supone una isla, un pequeño rincón de verdad en respuesta al intolerable aire de mentira que habitamos1.

Tiempos y seres comparten un mismo espacio cargado de singularidades que atestiguan la multiplicidad de información que contienen. Historias como campos de ruinas ajenos a toda sucesión, carentes de relatos que las doten de un inicio y un fin. Pilar Lozano trabaja la idea del ser arrojado en un mundo que no termina de acogerlo en ningún sentido posible, ser a cuyo centro la naturaleza inspira su degradación, e invierte sus términos hacia una nueva configuración de la fuente.


1.-Federico García Lorca. Comedia sin título 1936. Obras V (teatro 3). Madrid. Akal, 1992. pp.275-280

 

PEPE ÁLVAREZ

Paula Jane. El ruido secreto

 

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Paula Jane. “Mi vecina sin sal”. 40×60. Impresión digital en Bifaz mate. 2015

No habitamos un espacio neutro,  ni reducible a una dimensión específica. Caminamos, respiramos, comemos, bebemos, follamos, odiamos, amamos en una red intrincada no limitada por malla alguna, cuyos infinitos puntos establecen, de manera continua, nuevos canales de conexión a una velocidad inapreciable sino es a través de la percepción intuitiva del preconsciente. Conexiones que construyen espacios claros, sombríos, con diferencias de nivel, algunos penetrables, otros sólidos. Espacios abiertos, espacios cerrados, espacios de paso, de transición pasajera.

Paula Jane trabaja lo que de indefinido tiene la membrana que separa los espacios construidos por un lado, y el sujeto creador que los habita por el otro. Posiciona al espectador ante su propio grito emergente. Grito sordo, sin filtros posibles que, como juego de voces, resbala impreciso por la superficie de sus obras, liberadas ahora del confinamiento a que el imperativo y lacónico mecanismo de la razón lógica las tenía obligadas. En su emergencia realizan un corte, una incisión directa que señala lo que de extinción de un secreto supone toda vida. La descarnada presencia del ser gravitando sobre sí mismo, atrayendo hacia sí, como parte de su consistencia, a todo aquello de lo que es rodeado en un sistema carente de jerarquías absolutas.

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Paula Jane. “Idilio animal”. 40×60. Impresión digital en Bifaz mate. 2008.

Sus imágenes se adelantan, como lo hace la risa de un loco en su incontenible fuerza de expresividad, a una realidad vista como presagio de un conocimiento difícil, casi esotérico, a veces intuido pero siempre oculto. En ellas se nos ofrece la oportunidad de aprehender un mundo otro, perteneciente a esferas interiores de ramificaciones infinitas. Un cosmos invisible que deja claro que nuestra percepción de la realidad se realiza de manera fragmentaria.

Al margen de instituciones y leyes universales del conocimiento, en las obras de Paula se manifiesta  lo que podríamos llamar una dialéctica total, extensión transfronteriza donde los contrarios, si bien no se vuelven iguales, al menos cohabitan un mismo sistema. Es la apertura del camino de la duda cartesiana donde se hallan todas las infinitas modulaciones del error. ¿Y acaso no es el error esa presencia polimorfa que conforma una realidad siempre esquiva a ser percibida por medio de la institución de un mundo objetivo? ¿Acaso no sea el interrogante, así, en suspensión, la única manera posible de establecerse más allá de los límites establecidos por la razón lógica? Experiencia fronteriza, en sus límites se conjura el paso que certifica el cambio de todo, la ruptura del minucioso cuadriculamiento social y sus mecánicas de control oficial y ritual. Quizá la respuesta esté en tomar posiciones en la búsqueda del hueco que nos permita respirar más allá del reflejo.

Cuestión de posición, lo repito, los que no hayáis cruzado aún el umbral, dado el paso, veréis la maestría del uso de la luz, la divergente sutilidad del encuadre, el contraste de las tramas, pero será ante su juego proposicional donde tendréis que dar cuenta de vosotros mismos y aceptar la ruptura entre la bella existencia y la verdadera vida. A responder, en la verdad y por la verdad, hacia vosotros y los demás, sobre los demás y vosotros.

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Paula Jane. “El límite del hielo”. 40×60. Impresión digital en Bifaz mate. 2014

Paula Jane nos deja la esperanza de que existe un mundo más allá de lo cierto y lo probable. Que aún existen signos desconocidos y marcas enmudecidas en las que revolcarnos. Que es posible, y esto es fundamental, saltarse lo relativo de un sistema organizativo e ir más allá de la figura y su situación. Un signo secreto que todavía arrastra el eco profundo de la caverna, pero ante el cual tenemos el privilegio de escuchar el grito, aunque solo sea como ruido.

PEPE ÁLVAREZ.