Rafa Pinto. La soberanía del escombro.

Rafa Pinto.

Vooyeur. Sala siglo Xxi . Museo Provincial de Huelva.

Hasta el 9 de Noviembre.

pinto

El pensamiento de un pueblo no infusiona sus palabras, sus herramientas expresivas son tan contundentes como los coletazos de un pez que se resiste a ser pescado. Más allá de la contundencia de un mensaje lanzado en una flecha su interpretación puede mostrar dimensiones vacías cuyo fin no va más allá de dejar constancia de la existencia de un pensamiento. Rafa Pinto muestra en Vooyeur una realidad representada desde la grieta, la endija por donde los restos de calificación incómoda surgen como indeseables fantasmas. Actúa como recolector indisciplinado del siempreincierto discurso, heredero bastardo de una realidad apenas descontextualizada bajo el falso maquillaje del progreso cívico y social.

La manifiesta incompetencia de ciertas construcciones urbanas de contener el enorme potencial creativo de la sociedad que lo habita, cuyos pensamientos se materializan como zarpazos a una tela cáustica, inhumanizada por el pragmatismo de sus usos, queda patente en estas pinturas. En la obra de Pinto la calle es entendida como plataforma lingüística donde los mensajes, no siempre cómodos, aparecen en las fachadas de sus edificios. Los mismos edificios que, perdiendo la principal cualidad de mediador entre una naturaleza siempre esquiva y el ser humano que la habita, han pasado a servir a una institución ajena e incapaz de coordinar las necesidades de los habitantes de su propio sistema ficticio. El edificio público es contaminado con mensajes adheridos a sus fachadas, quebrando sus líneas, desestabilizando la rectitud de sus componentes, ablandando la dureza de sus materiales y mostrando con ello la incapacidad de unos códigos de admisión de origen siniestro a los que, de un modo u otro, representan.

Si, como decía Foucault, en cierto momento de la historia el poder ha entendido que la censura no es válida, en tanto es mejor permitir la queja y la protesta para dejar que se diluya, de lo que Rafa Pinto toma nota es del mensaje insoluble de una sociedad que parece haber descubierto habitar un campo cuyos significantes están completamente vacíos y es preciso llenar de algún modo. Un mundo ante cuya amenaza solo resta dejar un grito, siempre proyectado y abierto, como mancha extensible. Es la manifestación de la incapacidad performativa de un lenguaje que ha sido mutilado por el mismo proceso de entropía comunicativa, de ninguneo sistemático(disolución) de aquellos a los que se les permite la palabra para no ser escuchados, a los que se les condena, haciéndoles creer poseedores de las herramientas de su liberación, a una existencia muda y sorda.

Bienvenidos al hogar de los condenados, estamos incluidos en un sistema del cual es imposible excluirse del todo, y donde cualquier atisbo de existencia emerge como crisis, de modo reactivo. Cuyo único modelo de expresión ha sido reducido al llanto, el más desesperado e impotente gesto con el que cuenta el ser humano.

PEPE ALVAREZ