Manuel Vázquez. La disolución del mito.

 

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¿Puede el arte interpretar nuestro drama? ¿O tienen sus distintas manifestaciones como  única función responder—reaccionar—a la frustración provocada por su manifiesta inutilidad?

La verdad es la conformidad de un conocimiento con su objeto. La superposición de formas que precedan a la experiencia de los sentidos su resultado. Un camino que nos lleva desde lo elemental al mito. Solo una firme creencia en lo elemental, del que el artista resulta un espectador privilegiado capaz de controlar y hacer visible a otros, puede invertir este trayecto. El arte, situado en los amplios espectros existentes entre un estímulo y su respuesta, desarrolla una experiencia en los márgenes del conocimiento que diluye los límites y las fronteras. Límites que encapsulan los sentidos bajo la falsa percepción de una realidad que siempre termina por mostrase ajena, inaprensible y esquiva ante todo símbolo.

En este punto la pintura de Vázquez resulta una pasarela que nos lleva del furor del mito al furor de lo elemental. Construye plataformas que nos sirven de reposo incierto, aunque tangible, sobre la incontestable inmensidad de un abismo que espera engullirnos. En la constelación pictórica de Vázquez, plagada de armónicas paradojas, se desarrolla un diálogo entre el azar y el cálculo. En su excesivo control del detalle queda aún lugar para el gesto caótico y desordenado, metamórfico e inestable, laberíntica distorsión cuya complejidad hace de toda intuición algo posible. Un continuo ajuste de impurezas. Lo que se pinta no puede ser sostenido con palabras.

La miseria del ser humano no es excepcional, sino común y omnipresente; ante ella…ante el drama desencadenado a su alrededor, toda certeza o idea de control se torna un insulto injustificado hacia cualquier forma de vida. Ante la terrible pregunta con la que se abría el texto Vázquez nos responde con nuevas preguntas, abriendo la dimensión simbólica de su trazo a una disolución de certezas a la que, por otra parte, tiende toda obra de arte. No nos ofrece respuestas, el arte nunca las ha ofrecido, por el contrario abre una puerta a la esperanza entendiendo lo que Cioran cuando afirmaba que «el mundo es un infierno donde a cada instante se revelan milagros».

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