Castro Crespo. La lectura total.

Juan Carlos Castro Crespo
Cajón de Sastre.
Museo Vázquez Díaz. C/ Hijos ilustres s/n Nerva.
Hasta el 26 de Marzo.

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En todo acto creador interaccionan dimensiones dispares de la experiencia; si chocan entre ellas el resultado es la risa, si se fusionan resulta una nueva síntesis intelectual. Pero solo si hay confrontación emerge una nueva experiencia estética. Castro Crespo (Huelva, 1948) nos invita en esta exposición a encontrarnos de lleno ante una confrontación multidimensional. En su difícilmente catalogable obra se configura la visión necesaria para aprehender una realidad siempre esquiva carente de vectores unidireccionales. Lo que puede intuirse tras el vaho de los cristales es el principio regulador en la obra de Crespo. En ella se evita la ascensión lineal para encontrar en el camino, como en una escalera de caracol, cientos de ángulos por donde recrear la experiencia.

En su poblada biblioteca visual, cargada de esencias, se agita un movimiento activo para el ánimo pasivo, una contundente gotita de fuerte pasión imbuida en el silencio. La contención es la prima. La grandeza en reposo la más alta meta de las artes plásticas. Los conceptos sólidos dan paso a las emociones dinámicas activando un vocabulario húmedo que reblandece la aridez del pensamiento común. Un poemario visual que va más allá de lo visual.

Para entrar en lo desconocido, esto lo sabe muy bien Crespo, los modales del conquistador no tienen validez. Es preciso perder y prescindir, porque es en la ausencia donde la presencia es figurada . Así  como vemos en las filas de sillas vacías alineadas frente a tres de las obras centrales de la exposición. Esperando una respuesta de las obras hacia las que dirigen su quietud y su vacío, expectantes a que una utópica coreografía sea lanzada a unos escenarios carentes de sombras, las sillas, dispuestas como antesala de los últimos misterios, parecen disponerse ante el pensamiento relajadamente alojado en el recuerdo. Un recuerdo inmanente común a todos en una suerte de memoria compartida.

La fórmula es lo de menos, solo basta entender que el contacto con la estela de lejanas y exóticas atmósferas se hace con las botas llenas de barro. Que los mil ecos de inmensidad pueden hacerse notar con los pies puestos en la tierra. No es necesario esperar una respuesta, la obra de Crespo nos invita a caminar por el abismo para abandonarnos en su mismo centro, haciendo visible que incluso allí es posible habitar si sensibilizamos lo suficiente nuestra mirada.

PEPE ÁLVAREZ.

 

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