Javier Map. Cuéntaselo a las Ranas.

28056584_10156249596563189_8856650760982094585_n
Javi Map. “De cómo meter un árbol calcinado en el Congreso (…esperando a que sucediera algo)”, 2018. Envío postal. Contenido: Papel con texto (“Un árbol”) escrito con polvo de ceniza de un árbol calcinado de Doñana. Sobre dirigido al Congreso de los Diputados, remitido por “Doñana”..
papel Fabriano, 56 x 76 cm. 2018

Como podríamos haber dicho siempre decimos ahora: Si el arte tiene una función fundamental es la función crítica. Pero ¿puede el arte hoy día seguir siendo crítico en el marco de la cultura? Kant inaugura una nueva fase en la filosofía, todos lo sabemos, llevándola a cotas entendidas como inferiores escribiendo para el público común, planteando un conocimiento más allá del “noli me tangere” en el que la filosofía tradicional esclerotizaba el pensamiento. Así pues: ¿Está la cultura tal y como la entendemos hoy día, levantando nuevas fronteras allí donde la filosofía las había inutilizado?

Normalmente la crítica viene a señalar cierta urgencia de expandir las capacidades significativas de una obra dada y sus posibles interpretaciones. Esto es, agrandar. Señalado por la propia etimología que la asocia con palabras como grito. Pero hay obras cuyo rango de sensibilidad y lirismo es tan elevado que permite al acto crítico mantenerse vivo aún cuando sus contenidos son agotados.

Es preciso escuchar al autor—sin referirnos a su genialidad, si es que tal cosa existe—. La base de la civilización así lo requiere. Y hablamos en el sentido más antropológico posible. El ser humano se civiliza cuando puede al fin liberarse de los mecanismos de recepción sensorial cuyo único fin es mantenerlo vivo en un escenario hostil. Emerge entonces el juego como extensión significativa concediendo cierta relajación y permitiendo llenar vacíos en conocimientos de orden superior a la mera supervivencia.

Como resultado de este relajamiento surge pues el absurdo, la ruptura con una lectura real directa a favor de la metáfora y la metonimia. La representación viene a ser la raíz principal de todo arte. Esa operación consistente en la sustitución de algo con la intención de satisfacer valores inherentes a lo sustituido. Es una sustitución que no implica fraude o impostura sino más bien transferencia entre contextos. Y desde los planteamientos de la modernidad donde se conciben  estatutos de verdad de la representación sobre lo representado hasta los diversos post- que intentan establecer una conexión entre los dos factores de la ecuación en un escenario fragmentado a través de la cita y la ironía; su búsqueda se afana siempre en una extensión de los márgenes donde se confronten ideas, se sufraguen pensamientos y se solapen realidades.

El sintagma nominal “un árbol” aparece en tipografía tradicional escrito en una hoja apaisada. Letra negra sobre fondo blanco. Escrito a partir de las cenizas recogidas por el autor en el escenario de un incendio forestal que devastó casi 9000 ha de pinares y afectó al parque nacional de Doñana, declarado patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que mostró a las claras no solo la fragilidad del parque sino la vulnerabilidad ante los peligros asentados en sus límites y la falta de mecanismos para una protección efectiva ante ellos. La obra fue enviada al Congreso de los Diputados en un sobre cuyo remitente era Doñana.

Con un breve gesto la obra pulveriza la semiótica de Peirce. “Un árbol” es signo, es índice y es símbolo a la misma vez, pero todo ello desde el punto de vista de la destrucción de lo representado. No es un árbol, no es la ceniza sacada del caos de los restos de un incendio en un pinar y reordenada en siete letras con un patrón de sentido caústico lo suficientemente burocrático y antipoético como para ser entendido sin mayores problemas por aquellos a los que iba dirigido, mentes administrativas que difícilmente ven más allá de su orden del día o el membrete al que rinden sus esfuerzos. Por encima de todo es un medio ambiente amenazado que a través de esta obra lanza un grito emergente de sus cenizas. Un grito que denuncia la pasividad de las instituciones en los cuidados y protecciones de un medio tan valioso como frágil y vulnerable cuya variedad de ecosistemas se encuentra en constante amenaza por la actividad industrial que se lleva a cabo en sus límites.

Pensemos, al menos permitámonos pensar en el arte más allá de la estetización de la vida cotidiana, de espectáculo o ritual de una función simbólica representada. Más allá de una visión como apéndice de un entretenimiento industrializado. Es entonces cuando nos topamos con la incapacidad de lo que venimos llamando cultura para dar coherencia a una representación del mundo levantando fronteras difícilmente franqueables, imposibilitando con ello que se hagan realidad las promesas que ella misma como institución viene a hacer. El arte es un canal en sí mismo, pero condenado a ser neutralizado por otros muchos canales que compiten con él; la lucha es feroz y la cultura, como instrumento de neutralización, su mayor enemigo. Todo funeral es una conjura de presente, eso sí, recogiendo cenizas de la devastación el arte puede aún proyectar futuros.

 

Más sobre Javier Map en aquí

 

PEPE ÁLVAREZ

Anuncios