Paula Jane. El ruido secreto

 

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Paula Jane. “Mi vecina sin sal”. 40×60. Impresión digital en Bifaz mate. 2015

No habitamos un espacio neutro,  ni reducible a una dimensión específica. Caminamos, respiramos, comemos, bebemos, follamos, odiamos, amamos en una red intrincada no limitada por malla alguna, cuyos infinitos puntos establecen, de manera continua, nuevos canales de conexión a una velocidad inapreciable sino es a través de la percepción intuitiva del preconsciente. Conexiones que construyen espacios claros, sombríos, con diferencias de nivel, algunos penetrables, otros sólidos. Espacios abiertos, espacios cerrados, espacios de paso, de transición pasajera.

Paula Jane trabaja lo que de indefinido tiene la membrana que separa los espacios construidos por un lado, y el sujeto creador que los habita por el otro. Posiciona al espectador ante su propio grito emergente. Grito sordo, sin filtros posibles que, como juego de voces, resbala impreciso por la superficie de sus obras, liberadas ahora del confinamiento a que el imperativo y lacónico mecanismo de la razón lógica las tenía obligadas. En su emergencia realizan un corte, una incisión directa que señala lo que de extinción de un secreto supone toda vida. La descarnada presencia del ser gravitando sobre sí mismo, atrayendo hacia sí, como parte de su consistencia, a todo aquello de lo que es rodeado en un sistema carente de jerarquías absolutas.

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Paula Jane. “Idilio animal”. 40×60. Impresión digital en Bifaz mate. 2008.

Sus imágenes se adelantan, como lo hace la risa de un loco en su incontenible fuerza de expresividad, a una realidad vista como presagio de un conocimiento difícil, casi esotérico, a veces intuido pero siempre oculto. En ellas se nos ofrece la oportunidad de aprehender un mundo otro, perteneciente a esferas interiores de ramificaciones infinitas. Un cosmos invisible que deja claro que nuestra percepción de la realidad se realiza de manera fragmentaria.

Al margen de instituciones y leyes universales del conocimiento, en las obras de Paula se manifiesta  lo que podríamos llamar una dialéctica total, extensión transfronteriza donde los contrarios, si bien no se vuelven iguales, al menos cohabitan un mismo sistema. Es la apertura del camino de la duda cartesiana donde se hallan todas las infinitas modulaciones del error. ¿Y acaso no es el error esa presencia polimorfa que conforma una realidad siempre esquiva a ser percibida por medio de la institución de un mundo objetivo? ¿Acaso no sea el interrogante, así, en suspensión, la única manera posible de establecerse más allá de los límites establecidos por la razón lógica? Experiencia fronteriza, en sus límites se conjura el paso que certifica el cambio de todo, la ruptura del minucioso cuadriculamiento social y sus mecánicas de control oficial y ritual. Quizá la respuesta esté en tomar posiciones en la búsqueda del hueco que nos permita respirar más allá del reflejo.

Cuestión de posición, lo repito, los que no hayáis cruzado aún el umbral, dado el paso, veréis la maestría del uso de la luz, la divergente sutilidad del encuadre, el contraste de las tramas, pero será ante su juego proposicional donde tendréis que dar cuenta de vosotros mismos y aceptar la ruptura entre la bella existencia y la verdadera vida. A responder, en la verdad y por la verdad, hacia vosotros y los demás, sobre los demás y vosotros.

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Paula Jane. “El límite del hielo”. 40×60. Impresión digital en Bifaz mate. 2014

Paula Jane nos deja la esperanza de que existe un mundo más allá de lo cierto y lo probable. Que aún existen signos desconocidos y marcas enmudecidas en las que revolcarnos. Que es posible, y esto es fundamental, saltarse lo relativo de un sistema organizativo e ir más allá de la figura y su situación. Un signo secreto que todavía arrastra el eco profundo de la caverna, pero ante el cual tenemos el privilegio de escuchar el grito, aunque solo sea como ruido.

PEPE ÁLVAREZ.

 

Ana Campos Saa. Presente en acto.

 

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En la relación causal entre elementos que se genera en cualquier acontecimiento estético es el espectador el único que está en movimiento. Captarlo, estatificarlo delante de la obra, es el primer efecto que, como condición principal necesita una pieza para ser efectiva. A esto se refiere Darriulat al ver en la perspectiva de Uccelo un instrumento para atrapar la mirada y capturar al espectador llevándolo dentro de la imagen. A este respecto se podrían trazar incluso líneas evolutivas en la historia del arte, atendiendo a la validez de unos mecanismos en lugar de otros para tal fin.

Pero este estatismo que se asume en la obra reduciéndola a mera trampa visual no es del todo real. Suspender un momento es hacerlo partícipe de otros momentos ajenos a su tiempo y esto es en sí un movimiento. No se puede ser a la vez todo y algo, fijar la percepción en un punto implica rechazar todos los demás. Toda determinación es una opción y, en consecuencia, una negación. Poseer el objeto—y su representación es un modo de hacerlo—conlleva un estado crónico de éxtasis por posesión que, extendido en el tiempo, tiende al relajamiento de las emociones provocadas en el sujeto que las posee. Aprehender una realidad y hacerse con ella puede llevar a su corrupción, debida a nuestro dogmatismo en cuanto a la apetencia de cosas macizas y sustanciales. Es preciso dotar a la obra de un campo de reverberaciones que mantengan la atención estática—estética—del espectador ahora desgajado de un tiempo y un lugar determinados.

En su obra Ana Campos nos ofrece verdaderas experiencias de autenticidad, reflejo, ante todo, de un compromiso interior con la realidad que nos rodea. En sus composiciones, plenas de un lirismo punzante, aísla lo cotidiano de la imagen real, la fotografía comercial y artística, el cine y todo el material visual que llega a sus dominios, sesgos de una realidad que parece ser percibida siempre de reojo y de modo oblicuo, para imbuirlos de un halo estético. Por medio de un mecanismo de acercamiento ocular al detalle y de una técnica precisa, consigue transformar lo efímero y virtual de una imagen, en objeto artístico real y tangible.  Lo meticuloso, fiel y exacto del trazo de sus obras no oculta el componente personal que nos ofrece a través de su fuerza plástica. Una visión limpia y abierta a una dinámica expresiva portadora de infinitos mensajes ocultos a la percepción común.

De una imagen no es tan importante lo que vemos como lo que vivimos, sobretodo en un escenario de esquemas mercantiles donde el producto visual trabaja más bien para expulsar la mirada, invitándola a devorar nuevas imágenes bajo la dinámica de la eficiencia. En el acto cotidiano el instante captado es mutación, lo que acaece entre intervalos de secuencias imprecisas, materia inconsistente, casi inexistente, de una realidad que desaparece casi sin dar tiempo a proyectar sus sombras. La continua lucha que se percibe en la obra de Ana Campos contra la oscilante e incierta momentaneidad temporal, dota a sus trabajos del halo misterioso y ambiguo de la Esfinge y la potencialidad insinuada del enigma inherente.

 

PEPE ÁLVAREZ

Faustino Rodríguez. El acorde espiritualizado.

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“La caja de colores”
Faustino Rodríguez
Centro de Arte Harina de Otro Costal
Bojeo 90 Trigueros. Huelva
Hasta el 30 de Abril.

Posiblemente no exista un lugar más adecuado para adentrarse en la obra de Faustino Rodríguez como el centro de arte Harina de otro Costal situado en las antiguas instalaciones de un molino en Trigueros. A lo largo de sus salas, corredores y característicos rincones se nos ofrece una perspectiva de la multidisciplinar y proteica obra de este artista, prendida entre los primitivos y la vanguardia. Una vanguardia que surge del gesto, del trazo de límites corruptos, abiertos, móviles y en continuo tránsito.

En su obra se vislumbra la manifestación decadente, la ruina crepuscular, personajes engullidos por el ruido de la sombra, de la luz comedida, dispersa, cimbreante hilo espiritual que,  a pesar de su aparente debilidad, sostiene y carga con el peso de la mayoría de sus composiciones. En la búsqueda de símbolos esenciales, su obra, plenamente sumida en el naturalismo, nos sitúa ante un conjunto de elementos representados en una secuencia jeroglífica cargada de mensajes ocultos.

La antológica que se nos presenta recorre las principales etapas que la inquieta y creativa mente de Faustino ha venido desarrollando a lo largo de su carrera. Los trabajos seleccionados para la muestra, que agrupa dibujo, grabado, estampa, acuarelas, óleos y exquisitos trabajos editoriales, no parecen suficientes para articular la extensión metafórica de su autor, apenas contenida en una cadena significante que siempre parece querer decirnos más de lo que inicialmente deja a la vista. Tras sus trabajos un mensaje oculto palpita como un pez fuera del agua. Hasta tal punto se da este caso que el espectador olvidará buscar los nexos de unión de las obras con las épocas en las que fueron creadas. Dejándose arrastrar por la sucesión expresiva en la que se conjugan valores literarios, musicales y plásticos en una dimensión de sesgo universal.

PEPE ÁLVAREZ

Ángel Marcos: El fragmento siempre ajeno.

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Ángel Marcos.”China 31″.Laserchrome sobre papel, montada en Plexiglass. 235 x 180 cm. 2007.

“Alrededor del sueño”
Sala Fundación Caja Rural del Sur
Mora Claros. Huelva.
Hasta el 9 de Abril.

Existe un sentimiento que une lo grave y constante del sufrimiento humano al ser paciente. Y existe otro sentimiento que une la gravedad y la constancia del sufrimiento humano con una causa secreta. La emoción estética es por naturaleza estática. No mueve a la repulsa o al deseo de posesión. El fin de toda expresión artística recae en adaptar la materia sensible al momento donde se da este tipo de excitación estática a través de la relación entre partes de un conjunto.

Las imágenes son presentadas en la obra de Ángel Marcos en relación inmediata con los demás. Extraídas de la grosera realidad, en ellas lucen centellas de humanidad. Respuesta a un estímulo de carne, trazan conexiones invisibles de distinta naturaleza entre los espectadores. Su obra se nos presenta como un todo delimitado en sí, donde subyace la esencia del ser, suprema cualidad sentida por el artista en su mente suspensa ante lo íntegro de su fuente espiritual, sumida en la fascinación de las armonías de lo visible.

El dispositivo escénico se ofrece en su nivel de actuación, en la relación con los actores y su material físico y abstracto. Los escenarios presentados sugieren la transformación de objetos en ideas, espacios formales; o de ideas en objetos, espacios de codificación. En relación a unas reglas del juego establecidas en convención, la estructura social es metaforizada en el establecimiento de una composición donde la mirada es prioritaria y todo signo escénico se hace imprescindible. Se concentra en su obra la fisicidad de una idea adaptable a una infinidad de contextos, alcanzando una variedad de movimientos en conceptos cargados de una potencia significativa incuestionable.

En las hendijas de la realidad se cuela el sueño. El carácter onírico de lo real se manifiesta en una línea oblicua. Entre lo conocido y lo imaginado, la imagen oscila entre el terror y el deseo, en la afirmación de algo, de un tiempo suspendido, un elemento humano que permanece velado y un procedimiento enunciativo que emerge como la cualidad de hacer que algo quede siempre insuficientemente dicho.

 

PEPE ALVAREZ.

El acoso de la estética oculta.

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Javier Map. Señuelo 4, Madera, cuchillos, plástico, 13 x 58 x 58 cm. 2015

¿Y qué es arte?—me pregunta deslizándose por la feria con sus pies de pluma de alca, mirando a un costado y otro del pasillo ficticio, ladeando su melena roja, con aire despreocupado.

Ya surgió la preguntita, tengo que decir algo. Su pelo incendiaba el recinto. Sobrevino un silencio, dejaron de escucharse voces, la lacia música ambiente se disipó como una nube, las conversaciones que pasaban como sirenas de ambulancia se suspendieron en un fino ruido blanco. Era el fin, el peso del tejado crujía sobre la estructura de acero y todo el recinto se prensaba como una naranja podrida contra el suelo.

Se jodió la noche, ¿qué puedo decirle yo ahora? Siendo sincero preferiría masticar mis dientes antes que hablar de qué es o no es arte.

—Pues arte es eso—le dije señalando la primera chorrada que vi expuesta. Nos paramos en seco.

—¿Eso?—dijo reactiva, la pelota mostraba aún un resto de haber sido roja, parecía descomponerse lentamente en una vitrina llena de agua, podían verse, en su fondo, los arenosos posos que una efímera cascada rojasangre depositaba desde la redondez de la ridícula masa. Tenía su gracia porque dibujaban un círculo casi perfecto, reflejo bidimensional, como decadente, de su forma original.

—Pues sí, eso, ¿no ves que si está aquí es porque quiere decirnos algo?—Una mitad se descomponía con cierta velocidad ante la impasividad de la mitad que no estaba sumergida.

—¿Y qué es eso que quiere decirnos?—algunos pedazos se desprendían de manera perezosa, y se deshacían en una arenilla imperceptible antes de llegar al fondo.

—Pues—mi lengua se tropezó con una cuerda vocal, hice un esfuerzo por no pensar en la cara de imbécil que tendría puesta—a lo mejor con este gesto el artista intenta dinamitar el teorema de Arquímedes al introducir el elemento tiempo en una ecuación de carácter efímero—me quedé como si acabase de vomitar, y ante lo turbado de su rostro me apresuré a decir:—algo parecido a lo que hizo Picasso con la ventana euclidiana, ya sabes, en las señoritas de Avignon.

—Ah vale, se acercaba y ladeaba la cabeza ante la vitrina dejando un pequeño cerco de vaho cálido y translúcido sobre el cristal.—¿Cuánto crees que valdrá?—Preguntó al aire como si realmente no le interesase la respuesta.

—¿Está aquí no? Los stand de esta feria cuestan una pasta, el galerista se la juega con su dinero, supongo que mucho. No escuchó la respuesta y se alejaba colocando suavemente en su lugar la tira de alguna prenda que yo no podía ver, incendiando con su pelo la inmensidad caústica de la feria, hipermercado de la desolación.  Desde la nuca cierto alivio se derramó por mis piernas, desparramándose, caótico, a lo largo de la alfombra. Lo he vuelto a hacer, siempre consigo parecer idiota ante ella.

—Al margen de la muerte del arte, la de Hegel o la de Schiller, qué importa?, y de que la palabra arte no es un adjetivo sino más bien un sustantivo adjetivable. No veas en el arte el objeto, o la acción cosificada. Fíjate en el error. La Historia del Arte no es más que la historia de las excepciones. Excepciones cosificadas en una cadena canónica, por supuesto.—al fin posa sus ojos en mí, me escucha, como si supiera qué voy a decirle a continuación— Arte es un acontecimiento, un momento de dimensiones epifánicas, en el que distintos elementos, espectador incluido, se alinean como cadena significante. ¿De qué? Pues de una proposición ofrecida por una conciencia a otra y sin un acuerdo previo sobre el uso de un lenguaje convenido. Y lo mejor es que el acontecimiento nunca se cierra, la correa de significaciones se plantea en gerundios.—se  acerca a mí, hasta tengo la oportunidad de coger su mano flotante, pero me parece una perversa marca de posesión y la dejo estar—Es eso—mis palabras volaban como globitos de helio, los halógenos artificiaban el ambiente con sus elegantes mantas de luz proyectada—un estar siendo. Eso es, un estar siendo, una conjura sin centro de gravedad determinado.

La corriente penetraba violenta desde la puerta principal y sentí como se clavaban en mi espalda los millones de agujas de un gélido día de febrero. Alcé la vista y ella estaba como a un kilómetro de mí, apenas podía ver su roja mata de pelo entre el mar de bolitas peludas que como núcleos inquietos se agitaban entre sí sin chocarse. Había estado hablando solo todo el tiempo, oí un chasquido, luego, un frío eléctrico me desgajó de la piel durante un segundo. Me recupero, pero sin fuerzas. Cuando creo estar con ella se ha ido, siempre es así, una danza pírrica. Antes de lanzarme aquella pregunta ya la había perdido. Me dejé arrastrar arremolinado por una masa de anónimos parlanchines, convencido de que estar solo y ser idiota no era tan malo si lo reconocías a tiempo.

 

PEPE ÁLVAREZ

 

 

 

Los cortantes dientes del ángel. Rocío López Zarandieta en DBAT.

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La maravillosa y secreta historia de la Mujer tiburón
Sala de Arte DBAT
Avda de Andalucía, 21
Gibraleón-Huelva-
Hasta el 28 de febrero.

¿Qué pasaría si Picasso hubiera nacido mujer? Era la inquietante pregunta que Linda Nochlin lanzaba, una de las muchas preguntas a las que el status quo del arte tuvo que enfrentarse,  formuladas para desestabilizar la estructura misma de una disciplina como la Historia del Arte, escrita por y para hombres. ¿Habría, el señor Ruiz, incentivado a la joven pintora en sus logros? ¿De ser afirmativa la respuesta, habría tenido la artista entidad suficiente para imponerse en un sistema tan dominado por discursos patriarcales como el del arte de su tiempo? La pregunta era lanzada como un anzuelo para aquellos teóricos que salían, en los años setenta, al paso de la idea de género como un frente abierto que buscaba la compensación por contrabalanceo, dentro de un marco cuya historia, escrita en los libros de texto, anulaba a la condición femenina o la delegaba a un segundo plano. Con ello se entregaban a la tarea  «normal de los investigadores especializados de reinvindicar la importancia de su propio maestro menor u olvidado»1.

En esta muestra Rocío parece ofrecer algo más que una respuesta en “femenino”, regresando con otra pregunta aún más incómoda, ¿y si Cronos, el que devoraba a sus hijos por miedo a perder su poder, hubiera sido una titánide? ¿Qué, si fuera mujer la que hiciera uso de la violencia mítica reservada al poder falocéntrico del hombre? Con ello somete, y no solo a la Historia de arte sino a la Historia en general,  a una ruptura de la cadena significante en las mismas raíces de su discurso. Una trabazón sintagmática en la sucesión de los significados constituyentes de una aserción aceptada de manera tácita.

Once impresiones digitales sobre vinilo, una vídeo-proyección y una instalación son los recursos de los que se vale la artista para, desde su visión personal y fácilmente reconocible, desgranar el discurso hegemónico cuya base patriarcal surge en las rebabas de la historia, trabajando el cambio de paradigma desde betas transfronterizas al mundo del arte. El proceso edípico emerge aquí no tanto para reclamar la atención materna a través de la rivalidad, sino más bien con el fin de derrocar la autoridad paterna en el ámbito de la lingüística. La respuesta de Zarandieta es contundente, tanto como para arrastrar el anzuelo a una profundidad desconcertante donde el tema no se reduce a la idea de género sino a una cuestión de posición.

1.Linda Nochlin, “Why have there been no great women artists?” Artnews, Enero 1971

Riitta Ikonen & Karoline Hjorth “Eyes as Big as Plates”

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Riitta Ikonen & Karoline Hjorth. Salme. De la serie: “Eyes as Big as Plates”

Como consecuencia del control de natalidad y del aumento de la esperanza de vida en occidente, el envejecimiento de su población se muestra como un proceso constatable y progresivo. El futuro será anciano y la primera generación en sufrir el envejecimiento como problema crítico está a punto de aparecer.

Es evidente que nuestra sociedad contemporánea es una sociedad paradójica. Si por una parte existen nuevas actitudes ante la salud, que se ha transformado en una preocupación omnipresente hasta el punto de poder afirmar que los ideales hedonistas han sido sustituidos por la ideología de la salud y la longevidad; por otra se mantiene un culto a la juventud, a lo joven, de forma que la vejez en lugar de ser leída como un triunfo de la sociedad y el anciano como el ejemplo vivo de este triunfo sobre la naturaleza, es percibida más bien como una especie de venganza del futuro. El envejecimiento y el envejeciente se convierten en tabúes de los que no existen apenas testimonios. La ausencia de ancianos en las corrientes de información mediáticas hace que la vejez de cada uno resulte extraña, negando a reconocernos en el viejo que seremos.

En el marco de la medicina sería preciso un replanteamiento dirigido más a mejorar la vida que a prolongarla. Vivir los años que nos corresponden pero mejor. Disminuir, en palabras de Ramón y Cajal, la fragilidad de la vejez, el periodo de invalidez, mejorar la calidad de las últimas etapas de la vida y por encima de todo conseguir morir de una vez, y no por parcelas. Entender, al fin, el envejecimiento no como un fracaso sino como un proceso natural que se puede mejorar.

En tanto una de las funciones del arte sea la de diluir certezas que consciente e inconscientemente se aferran a los canales representativos y, siendo el estereotipado de la vejez asociado a conceptos negativos, la importancia de sus proposiciones es fundamental para gestionar un mecanismo de sostenibilidad social donde celebremos el envejecimiento asumiendo sus condicionantes, incluidos la enfermedad y la muerte, no como algo negativo sino positivo. Porque, como afirmaba Cicerón, el cabello blanco y las arrugas no pueden de repente destruir el prestigio de una persona. Un prestigio que descansa en ver al anciano y la vejez más que como realidad como posibilidad. Y porque no podemos olvidar que aquellos que alcanzan la vejez demuestran, en la mirada indiferente proyectada desde sus cuerpos quebradizos, no ya una falta de contemporaneidad, sino más bien que el mundo que han habitado ha resultado ser más frágil que ellos.

info sobre “Eyes as Big as Plates” en su página

PEPE ÁLVAREZ.