Miguel Ángel Tornero. Pretérito Imperfecto Compuesto. El tiempo indirecto.

Miguel Ángel Tornero. Estático y electrico. impresión lambda sobre dibond_125x155cm_2004
Miguel Ángel Tornero. Estático y electrico.De la serie. Pretérito Imperfecto Compuesto. Impresión lambda sobre dibond.125x155cm.2004.

La autobiografía representa algo menos idílico de lo que cabría esperar en el narcotizado acto de complacencia en una lata existencia. En ella se toma conciencia de la imposibilidad de recomponer un yo que parece llegar al momento de su propio recuerdo maltrecho y malherido. Abandonado de  posibles creencias que proyecten certezas, sin programas, sin mapas ni promesas de salvación. Siempre se tiene la sensación ante un recuerdo representado de haber llegado a destiempo, o demasiado tarde o demasiado temprano. Uno es extraño a sí mismo y se enfrenta a un no-tiempo donde las sucesivas capas de la memoria se superponen a través de órdenes siempre ajenos.

Miguel Ángel Tornero trabaja en esta serie la autobiografía proyectando algunos de los acontecimientos que marcaron su vida. Minúsculos detalles de difícil traducción que flotan en su memoria. En Pretérito Imperfecto compuesto hace uso de la fotografía no como cazadora de momentos concretos de la cruda realidad sometida al tiempo del disparo, sino que manipula el instante fotográfico con el fin de generar escenarios, situaciones cargadas de un grado metafórico que, evitando congelar lo recordado buscan construir un mecanismo de expresión válido para la concentrada intensidad de momentos concretos de su propia experiencia. Con ello, y atendiendo a su diversidad interna, ofrece una multiplicidad de registros a través de unos relatos aparentemente sin coherencia e integración posible que, a pesar de ello, buscan interrelacionarse con el espectador de una manera directa.

La referencia autobiográfica exige en todo momento borrar las fronteras existentes entre lo público, lo privado y lo íntimo, ante lo cual el autor tendrá problemas no tanto para saber quién es sino para lograr reconocerse.  Como al ver los trozos rotos de una vajilla, aun reconociéndola en sus fragmentos resultará imposible leer su forma sin hacer uso de mecanismos de representación. La exigencia de un desdoblamiento ante un espectador exige también terminar hablando de algo distinto a uno mismo creando una mitología individual con el fin de ser presentada como colectiva. Objetivar el ámbito de una intimidad, fabricar el escenario donde poder pensarse en lo colectivo, donde hacerse real a través de lo ficticio. Un escenario en cuyo seno todas las anomalías de la naturaleza que nos son propias se diluyan en su medio, haciéndole desaparecer entre múltiples capas de recuerdos cruzados y yuxtapuestos.

En la construcción de un pasado posible los recuerdos aparecen superpuestos generando una visión muy distinta de los hechos que se intentan recordar pero con los que se comparte una esencia vital. Miguel Ángel Tornero se enfrenta a su propio pasado configurando un mundo a la medida humana con un recital de conjuros repleto de pequeños fragmentos que no distingue fantasías de realidades. Donde lo sensorial se espiritualiza y se vuelve metáfora. Un pasado que se le presenta al espectador como una realidad vedada cuyo intento de revelación genera nuevas directrices interpretativas.

Todo tiempo pasado está muerto, siempre emerge como una presencia extraña y su recuperación es un proceso artificial cuyo resultado puede devenir fácilmente algo monstruoso o, por el contrario, un discurso de magnitudes expresivas ilimitadas. La introspección en nuestra historia más íntima requiere la exploración de un terreno desconocido y la consecuente administración de su conquista. A través de la creación de escenarios posibles que representen sus recuerdos, Tornero facilita la tarea en el espectador que los lea de pensarse a sí como a un ser ajeno a sí.

Estrictamente somos extraños a nuestros propios recuerdos, como muertos que regresan al mundo de los vivos para darse cuenta, como Lázaro, que ya no deberían estar allí, que el tiempo nunca mira atrás. Cadáveres que regresan a un tiempo reducido a pastiche cosificado, a marca o hito referencial. Escenarios del recuerdo como lugares definitivos, clavados en un notiempo. Nolugares de límites absolutos y barreras fronterizas que no permiten desandar lo andado una vez atravesadas. Recordarse a uno mismo es adentrarse en capas de pensamientos ajenas a la realidad y avistadas como en un sueño. Masticar un pasado perdido que se escapa entre los dedos de nuestra propia conciencia. Espectador y autor acaban por reunirse en una tierra que a ninguno pertenece, compartiendo una vida que tampoco es estrictamente de nadie. Pese a los esfuerzos por recordarnos y transmitir esos recuerdos se llega a la conclusión que aquel que nos piensa desde un lugar extraño y renuente a darse a conocer no es otro más que uno mismo.

Pepe Álvarez.

Mas sobre esta serie de Miguel Ángel Tornero en su página.

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Cultor de Ruido. Beatriz Sánchez en la 21.

sala21beatrizsanchezBeatriz Sánchez. Bazar milagro
Sala Siglo 21. Museo. Sundheim 13, 21003 Huelva. Hasta el 27 de Setiembre

La sala siglo 21 sigue siendo uno de los principales expositores culturales de Huelva. Y esta exposición da fe de ello. Beatriz Sánchez, becada con la prestigiosa, dentro de su humildad, beca Daniel Vázquez Díaz, ofrece una visión general de su actual producción en esta individual. Al menos de todo lo que ofrece la posibilidad de ser expuesto en su obra. Es difícil admitirlo, pero incluso una sala que tanta capacidad de adecuación ha mostrado a lo largo de su dilatada trayectoria como expositor de propuestas contemporáneas de todo el mundo, parece haberse quedado pequeña para esta exposición. Y esto no se dice en referencia a la falta de espacio porque hasta una de las paredes ha quedado desnuda, sino más bien por la enorme carga de estímulos y significaciones que se descargan sobre la estancia expositiva.

La exposición ofrece una confrontación entre los objetos que la artista ha usado en sus intervenciones, vídeos y gifs, con la proyección de los mismos en distintos soportes audiovisuales. Los objetos, presentados como pastiches, son dispuestos de forma caótica, clavados en la pared,  desacralizados y manifestando la clara intención multirreferencial de los mismos, como no portadores de un sentido único y diferenciado. Objets trouves y ready mades se entremezclan con la obra gráfica—dibujo, diseño, fotografía intervenida—en una pared que parece estar continuamente cediendo ante la presión iconográfica.

La red de significaciones que se entrecruzan entre los objetos y los vídeos proyectados y la de estos con los espectadores es de una magnitud desconcertante.  La propuesta ontológica por la cual el artista es visto como un agente que derrama su vacío en un mundo repleto y saturado de objetos parece evidente en esta muestra. Las posibilidades se multiplican en las posibles reconfiguraciones del espacio. El enorme número de objetos y el sonido de las distintas proyecciones satura el ambiente con un “ruido”, una suciedad de estímulos por las que el espectador, deambulando por la sala, se sentirá como en una centrifugadora sensorial bajo la cual apreciará un sofisticado contexto artístico.

PEPE ALVAREZ

Beatriz Sánchez. La multidimensión expresiva.

beatriz sanchez

Nacida en Córdoba en 1977, Beatriz Sánchez, después de haber cursado estudios en Valencia, se desplaza a Granada, donde actualmente vive y trabaja. Aunque su principal medio creativo sea el dibujo, también desarrolla su prolífica obra a través del video arte, la instalación, el media art, el net art y la intervención. El aspecto central de su producción artística gira en torno a la construcción de un imaginario personal partiendo del uso paródico de los medios de percepción visual y las relaciones establecidas por estos medios ante un público ciertamente pasmado.

Trabaja alrededor de la idea de percepción entendida como proceso a partir del cual un individuo se hace consciente de lo que le rodea. Pero si bien ante esta percepción, ejecutada bajo las premisas correctas del marco convencional del símbolo, que somete a la realidad a una violenta descontextualización difícilmente reversible, solo cabe la opción de una especie de recontextualización representativa. En este marco la obra de Beatriz ejecuta una suerte de reinicio sistemático. Desde esta posición la asimilación representativa del mundo es trabajada como forma de acción sobre lo real. No ya como  vehículo simbólico.

A través de un mensaje directo y cargado de ironía diseña las condiciones de acceso a sus imágenes formulando una nueva recontextualización, pero desde un plano cuyos márgenes son tremendamente expansivos. Rechaza el tópico entendido como la selección de información pertinente que dota de falsa coherencia a una realidad potencialmente multisignificante. Dejando al espectador posible solo ante un contenedor de significados desbloqueados en nuevas narrativas de las que inexorablemente forma parte. Y desde aquí le increpa a enfrentarse al ingente número de fragmentaciones y discontinuidades sobre los que se edifican sus propias dotaciones de sentido.

Partiendo de una proposición simple y modificando algunos de los elementos de esta proposición por medio de un mecanismo de absorción y reflejo, Beatriz Sánchez muestra las fronteras violadas de los grupos discursivos, pone de manifiesto el enorme número de huecos vulnerables por los que nuestras narrativas, esas que sirven de sostén a los “significantes amos” que organizan nuestras identidades, se presentan en su desconcertante fragilidad.

Esta capacidad de ejecutar el juego de absorción y reflejo de significaciones se hace patente en proyectos como “Miss Nudies” donde en distintos videos parodia la escenografía propia de clips eróticos, stripteases realizados en distintas localizaciones, ofreciendo la posibilidad en las salas de exposición que las proyectan de ser compartidos a través de la tecnología móvil por los espectadores. Jugando con la idea de la interpasividad del acto de compartir y desmontando en un análisis irónico las pautas del marketing de la imagen heteroerótica en las nuevas tecnologías.

A partir de los múltiples medios que dominan los significantes, Beatriz reconoce y explota un campo de productividad abierta enfrentado al sentido clausurado del mensaje y las restricciones del código.  En “disolventes” desdibuja páginas de revistas cargadas de imágenes clásicas y contemporáneas. Imágenes propias de la publicidad y el reportaje de la prensa periódica de usar y tirar. Imponiéndole una especie de gesto pictórico a la imagen mecánica y mercantilizada. Añadiendo el gesto no persigue la aurificación ni la revalorización de la imagen de desecho, sino más bien plantea interrogantes que ponen de manifiesto, al margen de las posibles respuestas, la enorme movilidad y multidimensionalidad del lenguaje artístico.

PEPE ÁLVAREZ.

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