Juan Manuel Seisdedos. Lo indistinto de la frontera.

juanmanuel seisdedos ida y vuelta

En 1935 Heidegger se preguntaba ¿Por qué algo y no más bien la nada? Una pregunta inquietante. ¿Por qué hay cosas y no nada? Lo normal es que no hubiera nada, pero hay cosas. Y, peor aún, somos conscientes de ellas. Nosotros, habitantes de un peñasco que gira alrededor del sol como dijo Hegel. Nosotros, seres finitos rodeados por una temporalidad infinita. Carentes entre la abundancia e imperfectos en la perfección del Universo donde todo encaja como agua en el agua.

La obra de Juan Manuel Seisdedos habita una frontera indeterminada entre la figuración y la abstracción; entre la capacidad de concretar, representar y nominar de la primera y la que estructurar la percepción de la nada fijando pesadillas en el vacío de la segunda. Frontera también entre distintas disciplinas artísticas, entre la proyección virtual de una imagen propia de la pintura, o la fisicidad otorgada a través de la escultura donde, como decía Herder, el ojo es aprendiz de la mano; y la construcción de un espacio habitable propio de la arquitectura.

Una obra cuyo carácter ontológico es indistinto, articulada en el abstracto concepto de emoción. Emoción no entendida como el arrobamiento stendhaliano, sino más bien como la coordinación comunicativa establecida entre obra, artista y espectador sintetizada en el término lorquiano de “duende”. Una emoción con la que logra dar una respuesta contundente a la pregunta de Heidegger. Entre algo y la nada, Juan Manuel parece responder con otra pregunta. ¿Y por qué no las dos?

Juan Manuel Seisdedos.«De ida y vuelta» Sala de Exposiciones de la Caja Rural del Sur. Calle Mora Claros. Huelva. Hasta el 22 de octubre.

Pepe Álvarez.

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Alejandro Cuerda. El estable desorden de la memoria.

alejandro Cuerda

En el trigésimo quinto libro de su Historia Natural Plinio sitúa el origen de la pintura en la casa de un alfarero cuya hija, ante la inminente partida de su amado, contornea la sombra que éste proyecta en la pared. Son muchos más los tratados posteriores que sitúan el origen de la pintura en la proyección de una sombra y en el intento de mantenerla estática, siempre revisable e independiente del cuerpo que la origina. Es posible entender en este sentido la pintura como una forma desesperada de hacer de la fugacidad de un acontecimiento algo durable y eterno. Y puede que sea precisamente su fracaso a la hora de relacionar el significado como objeto ausente y el significante materializado en la superficie pintada lo que hace de la pintura uno de los géneros artísticos más sometidos a revisión a lo largo de la historia.

Alejandro Cuerda trabaja la relación causal de la huella con su referente, el rastro que por precipitación o surco lo significado deja como marca de su propio paso. Como el espacio vacío que un cuerpo deja en la arena de la playa, la obra de Cuerda singulariza el acontecimiento de paso sometiendo a un instante lo simultáneo de un proceso. Proceso consistente en la construcción de un puente entre lo visible y lo decible a través de una aproximación de cualidades ópticas con cualidades inteligibles. Una lexicalización inmediata de la dimensión figurativa del tiempo. La huella, reducida a grafema, establece asociaciones identificativas mucho antes de pasar a la tarea de representar.

Los elementos de contenido, ejecución y estructura narrativa se alinean en una construcción de sentido que parece escaparse de entre los dedos de la razón para ser aprehendidos por una sensibilidad más profunda. Aquella que es capaz de suspender el tiempo. De hecho el condicionante tiempo es continuamente replanteado en la obra de Cuerda, sometido a una sospecha constante, limitando su carácter rígido sustituyéndolo por otro más flexible y débil. Su valor significativo recae directamente en las relaciones de contigüidad y causalidad, si bien la búsqueda de valor representativo ha de hallarse en su propia materialidad y las relaciones de composición establecidas en la obra.

Existe una contingencia ejecutoria implícita en la obra de Alejandro Cuerda. Un espasmo inquietante, azaroso, cuyo fin radica en acceder al hilo tensor de una existencia nuda. El uso de materiales tan diversos que engloban desde la manipulación informática a la pintura matérica de superficie violentamente gestualizada, parece indicar que el tema recae precisamente en los materiales, pero deja claro que su razón de ser va mucho más allá de éstos para alcanzar otro fin de mayor envergadura. Esto fue lo que quizá dejaron escapar tanto el alfarero como su hija al intentar contener el recuerdo de la huella del amado a través de la figuración. La percepción de la obra de Cuerda se efectúa a través de una especie de trayecto, de tránsito. Un juego donde los significados de la obra parecen ir continuamente a la deriva. La percepción por parte del espectador se presenta así como un acontecimiento gemelo al mismo que generó la huella, en lo que podríamos denominar una epifanía perceptiva. Y como toda epifanía expresada en una manifestación breve, pero vale la pena esperar.

PEPE ÁLVAREZ.

Alejandro Cuerda. Desplegar la línea.

Centro de arte Harina de Otro Costal. Bojeo 90 Trigueros  del 18 de sep al 18 de oct.
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_Marina_Morón. El espacio como singularidad

_Marina_Morón. Jesús Marina, Elena Morón. im-percepcion-xx-variacion1
_Marina_Morón. Jesús Marina, Elena Morón. im-percepcion-xx-variacion1

La realidad permanece cerrada al pensamiento. Impermeable a la razón. En el lugar donde no hay nada que ver, donde el tiempo se suspende, donde el espacio es pensado como un puzzle a punto de ser deshecho. Allí donde la imagen estática vaga a la deriva, se halla el núcleo de bifurcación entre lo visible y lo visual. El lugar donde pensar el espacio implica pensar en nuestra mitad ausente.

Es el desafío, ver la realidad eliminando el espacio ilusionista propio de la fotografía abriendo el camino a una percepción del entorno como proceso epifánico. Trabajando la correspondencia entre espacio visual, espacio real y espacio percibido por el espectador a través de la quiebra de la perspectiva artificial, los valores objetivos de la fotografía son colocados en una situación de sospecha. La imagen captada ya no es documento, sino obra que aprehende la realidad desde distintos ángulos visuales señalando la enorme riqueza existente entre la realidad y sus posibilidades de representación.

PEPE ÁLVAREZ.

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Cultor de Ruido. Beatriz Sánchez en la 21.

sala21beatrizsanchezBeatriz Sánchez. Bazar milagro
Sala Siglo 21. Museo. Sundheim 13, 21003 Huelva. Hasta el 27 de Setiembre

La sala siglo 21 sigue siendo uno de los principales expositores culturales de Huelva. Y esta exposición da fe de ello. Beatriz Sánchez, becada con la prestigiosa, dentro de su humildad, beca Daniel Vázquez Díaz, ofrece una visión general de su actual producción en esta individual. Al menos de todo lo que ofrece la posibilidad de ser expuesto en su obra. Es difícil admitirlo, pero incluso una sala que tanta capacidad de adecuación ha mostrado a lo largo de su dilatada trayectoria como expositor de propuestas contemporáneas de todo el mundo, parece haberse quedado pequeña para esta exposición. Y esto no se dice en referencia a la falta de espacio porque hasta una de las paredes ha quedado desnuda, sino más bien por la enorme carga de estímulos y significaciones que se descargan sobre la estancia expositiva.

La exposición ofrece una confrontación entre los objetos que la artista ha usado en sus intervenciones, vídeos y gifs, con la proyección de los mismos en distintos soportes audiovisuales. Los objetos, presentados como pastiches, son dispuestos de forma caótica, clavados en la pared,  desacralizados y manifestando la clara intención multirreferencial de los mismos, como no portadores de un sentido único y diferenciado. Objets trouves y ready mades se entremezclan con la obra gráfica—dibujo, diseño, fotografía intervenida—en una pared que parece estar continuamente cediendo ante la presión iconográfica.

La red de significaciones que se entrecruzan entre los objetos y los vídeos proyectados y la de estos con los espectadores es de una magnitud desconcertante.  La propuesta ontológica por la cual el artista es visto como un agente que derrama su vacío en un mundo repleto y saturado de objetos parece evidente en esta muestra. Las posibilidades se multiplican en las posibles reconfiguraciones del espacio. El enorme número de objetos y el sonido de las distintas proyecciones satura el ambiente con un “ruido”, una suciedad de estímulos por las que el espectador, deambulando por la sala, se sentirá como en una centrifugadora sensorial bajo la cual apreciará un sofisticado contexto artístico.

PEPE ALVAREZ